Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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renegada, a quien de ordinario suelen tomar por legítimas mujeres sus
mesmos amos, y aun lo tienen a ventura, porque las estiman en más que las
de su nación.

»En todos nuestros discursos dimos muy lejos de la verdad del caso; y así,
todo nuestro entretenimiento desde allí adelante era mirar y tener por
norte a la ventana donde nos había aparecido la estrella de la caña; pero
bien se pasaron quince días en que no la vimos, ni la mano tampoco, ni otra
señal alguna. Y, aunque en este tiempo procuramos con toda solicitud saber
quién en aquella casa vivía, y si había en ella alguna cristiana renegada,
jamás hubo quien nos dijese otra cosa, sino que allí vivía un moro
principal y rico, llamado Agi Morato, alcaide que había sido de La Pata,
que es oficio entre ellos de mucha calidad. Mas, cuando más descuidados
estábamos de que por allí habían de llover más cianíis, vimos a deshora
parecer la caña, y otro lienzo en ella, con otro nudo más crecido; y esto
fue a tiempo que estaba el baño, como la vez pasada, solo y sin gente.
Hecimos la acostumbrada prueba, yendo cada uno primero que yo, de los
mismos tres que estábamos, pero a ninguno se rindió la caña sino a mí,
porque, en llegando yo, la dejaron caer. Desaté el nudo, y hallé cuarenta
escudos de oro españoles y un papel escrito en arábigo, y al cabo de lo
escrito hecha una grande cruz. Besé la cruz, tomé los escudos, volvíme al
terrado, hecimos todos nuestras zalemas, tornó a parecer la mano, hice
señas que leería el papel, cerraron la ventana. Quedamos todos confusos y
alegres con lo sucedido; y, como ninguno de nosotros no entendía el
arábigo, era grande el deseo que teníamos de entender lo que el papel
contenía, y mayor la dificultad de buscar quien lo leyese.

»En fin, yo me determiné de fiarme de un renegado, natural de Murcia, que
se había dado por grande amigo mío, y puesto prendas entre los dos, que le
obligaban a guardar el secreto que le encargase; porque suelen algunos
renegados, cuando tienen intención de volverse a tierra de cristianos,
traer consigo algunas firmas de cautivos principales, en que dan fe, en la
forma que pueden, como el tal renegado es hombre de bien, y que siempre ha
hecho bien a cristianos, y que lleva deseo de huirse en la primera ocasión
que se le ofrezca. Algunos hay que procuran estas fees con buena intención,
otros se sirven dellas acaso y de industria: que, viniendo a robar a tierra
de cristianos, si a dicha se pierden o los cautivan, sacan sus firmas y

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