Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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respuesta; y si no tienes quien te escriba arábigo, dímelo por señas, que
Lela Marién hará que te entienda. Ella y Alá te guarden, y esa cruz que yo
beso muchas veces; que así me lo mandó la cautiva.

»Mirad, señores, si era razón que las razones deste papel nos admirasen y
alegrasen. Y así, lo uno y lo otro fue de manera que el renegado entendió
que no acaso se había hallado aquel papel, sino que realmente a alguno de
nosotros se había escrito; y así, nos rogó que si era verdad lo que
sospechaba, que nos fiásemos dél y se lo dijésemos, que él aventuraría su
vida por nuestra libertad. Y, diciendo esto, sacó del pecho un crucifijo de
metal, y con muchas lágrimas juró por el Dios que aquella imagen
representaba, en quien él, aunque pecador y malo, bien y fielmente creía,
de guardarnos lealtad y secreto en todo cuanto quisiésemos descubrirle,
porque le parecía, y casi adevinaba que, por medio de aquella que aquel
papel había escrito, había él y todos nosotros de tener libertad, y verse
él en lo que tanto deseaba, que era reducirse al gremio de la Santa
Iglesia, su madre, de quien como miembro podrido estaba dividido y apartado
por su ignorancia y pecado.

»Con tantas lágrimas y con muestras de tanto arrepentimiento dijo esto el
renegado, que todos de un mesmo parecer consentimos, y venimos en
declararle la verdad del caso; y así, le dimos cuenta de todo, sin
encubrirle nada. Mostrámosle la ventanilla por donde parecía la caña, y él
marcó desde allí la casa, y quedó de tener especial y gran cuidado de
informarse quién en ella vivía. Acordamos, ansimesmo, que sería bien
responder al billete de la mora; y, como teníamos quien lo supiese hacer,
luego al momento el renegado escribió las razones que yo le fui notando,
que puntualmente fueron las que diré, porque de todos los puntos
sustanciales que en este suceso me acontecieron, ninguno se me ha ido de la
memoria, ni aun se me irá en tanto que tuviere vida.

»En efeto, lo que a la mora se le respondió fue esto:

El verdadero Alá te guarde, señora mía, y aquella bendita Marién, que es la
verdadera madre de Dios y es la que te ha puesto en corazón que te vayas a
tierra de cristianos, porque te quiere bien. Ruégale tú que se sirva de
darte a entender cómo podrás poner por obra lo que te manda, que ella es
tan buena que sí hará. De mi parte y de la de todos estos cristianos que
están conmigo, te ofrezco de hacer por ti todo lo que pudiéremos, hasta

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