Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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pagaría mi rescate; porque si luego diera el dinero, fuera dar sospechas al
rey que había muchos días que mi rescate estaba en Argel, y que el
mercader, por sus granjerías, lo había callado. Finalmente, mi amo era tan
caviloso que en ninguna manera me atreví a que luego se desembolsase el
dinero. El jueves antes del viernes que la hermosa Zoraida se había de ir
al jardín, nos dio otros mil escudos y nos avisó de su partida, rogándome
que, si me rescatase, supiese luego el jardín de su padre, y que en todo
caso buscase ocasión de ir allá y verla. Respondíle en breves palabras que
así lo haría, y que tuviese cuidado de encomendarnos a Lela Marién, con
todas aquellas oraciones que la cautiva le había enseñado.

»Hecho esto, dieron orden en que los tres compañeros nuestros se
rescatasen, por facilitar la salida del baño, y porque, viéndome a mí
rescatado, y a ellos no, pues había dinero, no se alborotasen y les
persuadiese el diablo que hiciesen alguna cosa en perjuicio de Zoraida;
que, puesto que el ser ellos quien eran me podía asegurar deste temor, con
todo eso, no quise poner el negocio en aventura, y así, los hice rescatar
por la misma orden que yo me rescaté, entregando todo el dinero al
mercader, para que, con certeza y seguridad, pudiese hacer la fianza; al
cual nunca descubrimos nuestro trato y secreto, por el peligro que había.





Capítulo XLI. Donde todavía prosigue el cautivo su suceso


»No se pasaron quince días, cuando ya nuestro renegado tenía comprada una
muy buena barca, capaz de más de treinta personas: y, para asegurar su
hecho y dalle color, quiso hacer, como hizo, un viaje a un lugar que se
llamaba Sargel, que está treinta leguas de Argel hacia la parte de Orán, en
el cual hay mucha contratación de higos pasos. Dos o tres veces hizo este
viaje, en compañía del tagarino que había dicho. Tagarinos llaman en
Berbería a los moros de Aragón, y a los de Granada, mudéjares; y en el
reino de Fez llaman a los mudéjares elches, los cuales son la gente de
quien aquel rey más se sirve en la guerra.

»Digo, pues, que cada vez que pasaba con su barca daba fondo en una caleta
que estaba no dos tiros de ballesta del jardín donde Zoraida esperaba; y
allí, muy de propósito, se ponía el renegado con los morillos que bogaban
el remo, o ya a hacer la zalá, o a como por ensayarse de burlas a lo que
pensaba hacer de veras; y así, se iba al jardín de Zoraida y le pedía

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