Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 317 de 838

pero, con todo esto, callaba, porque no pusiesen en efeto las muchas
amenazas que el renegado le hacía. Viéndose, pues, Zoraida ya en la barca,
y que queríamos dar los remos al agua, y viendo allí a su padre y a los
demás moros que atados estaban, le dijo al renegado que me dijese le
hiciese merced de soltar a aquellos moros y de dar libertad a su padre,
porque antes se arrojaría en la mar que ver delante de sus ojos y por causa
suya llevar cautivo a un padre que tanto la había querido. El renegado me
lo dijo; y yo respondí que era muy contento; pero él respondió que no
convenía, a causa que, si allí los dejaban apellidarían luego la tierra y
alborotarían la ciudad, y serían causa que saliesen a buscallos con algunas
fragatas ligeras, y les tomasen la tierra y la mar, de manera que no
pudiésemos escaparnos; que lo que se podría hacer era darles libertad en
llegando a la primera tierra de cristianos. En este parecer venimos todos,
y Zoraida, a quien se le dio cuenta, con las causas que nos movían a no
hacer luego lo que quería, también se satisfizo; y luego, con regocijado
silencio y alegre diligencia, cada uno de nuestros valientes remeros tomó
su remo, y comenzamos, encomendándonos a Dios de todo corazón, a navegar la
vuelta de las islas de Mallorca, que es la tierra de cristianos más cerca.

»Pero, a causa de soplar un poco el viento tramontana y estar la mar algo
picada, no fue posible seguir la derrota de Mallorca, y fuenos forzoso
dejarnos ir tierra a tierra la vuelta de Orán, no sin mucha pesadumbre
nuestra, por no ser descubiertos del lugar de Sargel, que en aquella costa
cae sesenta millas de Argel. Y, asimismo, temíamos encontrar por aquel
paraje alguna galeota de las que de ordinario vienen con mercancía de
Tetuán, aunque cada uno por sí, y todos juntos, presumíamos de que, si se
encontraba galeota de mercancía, como no fuese de las que andan en corso,
que no sólo no nos perderíamos, mas que tomaríamos bajel donde con más
seguridad pudiésemos acabar nuestro viaje. Iba Zoraida, en tanto que se
navegaba, puesta la cabeza entre mis manos, por no ver a su padre, y sentía
yo que iba llamando a Lela Marién que nos ayudase.

»Bien habríamos navegado treinta millas, cuando nos amaneció, como tres
tiros de arcabuz desviados de tierra, toda la cual vimos desierta y sin
nadie que nos descubriese; pero, con todo eso, nos fuimos a fuerza de
brazos entrando un poco en la mar, que ya estaba algo más sosegada; y,
habiendo entrado casi dos leguas, diose orden que se bogase a cuarteles en

Página 317 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: