Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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cofrecillo donde ella solía tener sus joyas, el cual sabía él bien que le
había dejado en Argel, y no traídole al jardín, quedó más confuso, y
preguntóle que cómo aquel cofre había venido a nuestras manos, y qué era lo
que venía dentro. A lo cual el renegado, sin aguardar que Zoraida le
respondiese, le respondió: ´´No te canses, señor, en preguntar a Zoraida,
tu hija, tantas cosas, porque con una que yo te responda te satisfaré a
todas; y así, quiero que sepas que ella es cristiana, y es la que ha sido
la lima de nuestras cadenas y la libertad de nuestro cautiverio; ella va
aquí de su voluntad, tan contenta, a lo que yo imagino, de verse en este
estado, como el que sale de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida
y de la pena a la gloria´´. ´´¿Es verdad lo que éste dice, hija?´´, dijo el
moro. ´´Así es´´, respondió Zoraida. ´´¿Que, en efeto -replicó el viejo-,
tú eres cristiana, y la que ha puesto a su padre en poder de sus
enemigos?´´ A lo cual respondió Zoraida: ´´La que es cristiana yo soy, pero
no la que te ha puesto en este punto, porque nunca mi deseo se estendió a
dejarte ni a hacerte mal, sino a hacerme a mí bien´´. ´´Y ¿qué bien es el
que te has hecho, hija?´´ ´´Eso -respondió ella- pregúntaselo tú a Lela
Marién, que ella te lo sabrá decir mejor que no yo´´.

»Apenas hubo oído esto el moro, cuando, con una increíble presteza, se
arrojó de cabeza en la mar, donde sin ninguna duda se ahogara, si el
vestido largo y embarazoso que traía no le entretuviera un poco sobre el
agua. Dio voces Zoraida que le sacasen, y así, acudimos luego todos, y,
asiéndole de la almalafa, le sacamos medio ahogado y sin sentido, de que
recibió tanta pena Zoraida que, como si fuera ya muerto, hacía sobre él un
tierno y doloroso llanto. Volvímosle boca abajo, volvió mucha agua, tornó
en sí al cabo de dos horas, en las cuales, habiéndose trocado el viento,
nos convino volver hacia tierra, y hacer fuerza de remos, por no embestir
en ella; mas quiso nuestra buena suerte que llegamos a una cala que se hace
al lado de un pequeño promontorio o cabo que de los moros es llamado el de
La Cava Rumía, que en nuestra lengua quiere decir La mala mujer cristiana;
y es tradición entre los moros que en aquel lugar está enterrada la Cava,
por quien se perdió España, porque cava en su lengua quiere decir mujer
mala, y rumía, cristiana; y aun tienen por mal agüero llegar allí a dar

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