Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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grado. Pero, por parecerle no convenirle ni estarle bien comenzar nueva
empresa hasta poner a Micomicona en su reino, hubo de callar y estarse
quedo, esperando a ver en qué paraban las diligencias de aquellos
caminantes; uno de los cuales halló al mancebo que buscaba, durmiendo al
lado de un mozo de mulas, bien descuidado de que nadie ni le buscase, ni
menos de que le hallase. El hombre le trabó del brazo y le dijo:

-Por cierto, señor don Luis, que responde bien a quien vos sois el hábito
que tenéis, y que dice bien la cama en que os hallo al regalo con que
vuestra madre os crió.

Limpióse el mozo los soñolientos ojos y miró de espacio al que le tenía
asido, y luego conoció que era criado de su padre, de que recibió tal
sobresalto, que no acertó o no pudo hablarle palabra por un buen espacio. Y
el criado prosiguió diciendo:

-Aquí no hay que hacer otra cosa, señor don Luis, sino prestar paciencia y
dar la vuelta a casa, si ya vuestra merced no gusta que su padre y mi señor
la dé al otro mundo, porque no se puede esperar otra cosa de la pena con
que queda por vuestra ausencia.

-Pues, ¿cómo supo mi padre -dijo don Luis- que yo venía este camino y en
este traje?

-Un estudiante -respondió el criado- a quien distes cuenta de vuestros
pensamientos fue el que lo descubrió, movido a lástima de las que vio que
hacía vuestro padre al punto que os echó de menos; y así, despachó a cuatro
de sus criados en vuestra busca, y todos estamos aquí a vuestro servicio,
más contentos de lo que imaginar se puede, por el buen despacho con que
tornaremos, llevándoos a los ojos que tanto os quieren.

-Eso será como yo quisiere, o como el cielo lo ordenare -respondió don
Luis.

-¿Qué habéis de querer, o qué ha de ordenar el cielo, fuera de consentir en
volveros?; porque no ha de ser posible otra cosa.

Todas estas razones que entre los dos pasaban oyó el mozo de mulas junto a
quien don Luis estaba; y, levantándose de allí, fue a decir lo que pasaba a
don Fernando y a Cardenio, y a los demás, que ya vestido se habían; a los
cuales dijo cómo aquel hombre llamaba de don a aquel muchacho, y las
razones que pasaban, y cómo le quería volver a casa de su padre, y el mozo
no quería. Y con esto, y con lo que dél sabían de la buena voz que el cielo
le había dado, vinieron todos en gran deseo de saber más particularmente

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