Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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que poco o nada atendía a aquellos donaires.

-¡Válame Dios! -dijo a esta sazón el barbero burlado-; ¿que es posible que
tanta gente honrada diga que ésta no es bacía, sino yelmo? Cosa parece ésta
que puede poner en admiración a toda una Universidad, por discreta que sea.
Basta: si es que esta bacía es yelmo, también debe de ser esta albarda jaez
de caballo, como este señor ha dicho.

-A mí albarda me parece -dijo don Quijote-, pero ya he dicho que en eso no
me entremeto.

-De que sea albarda o jaez -dijo el cura- no está en más de decirlo el
señor don Quijote; que en estas cosas de la caballería todos estos señores
y yo le damos la ventaja.

-Por Dios, señores míos -dijo don Quijote-, que son tantas y tan estrañas
las cosas que en este castillo, en dos veces que en él he alojado, me han
sucedido, que no me atreva a decir afirmativamente ninguna cosa de lo que
acerca de lo que en él se contiene se preguntare, porque imagino que cuanto
en él se trata va por vía de encantamento. La primera vez me fatigó mucho
un moro encantado que en él hay, y a Sancho no le fue muy bien con otros
sus secuaces; y anoche estuve colgado deste brazo casi dos horas, sin saber
cómo ni cómo no vine a caer en aquella desgracia. Así que, ponerme yo agora
en cosa de tanta confusión a dar mi parecer, será caer en juicio temerario.
En lo que toca a lo que dicen que ésta es bacía, y no yelmo, ya yo tengo
respondido; pero, en lo de declarar si ésa es albarda o jaez, no me atrevo
a dar sentencia difinitiva: sólo lo dejo al buen parecer de vuestras
mercedes. Quizá por no ser armados caballeros, como yo lo soy, no tendrán
que ver con vuestras mercedes los encantamentos deste lugar, y tendrán los
entendimientos libres, y podrán juzgar de las cosas deste castillo como
ellas son real y verdaderamente, y no como a mí me parecían.

-No hay duda -respondió a esto don Fernando-, sino que el señor don Quijote
ha dicho muy bien hoy que a nosotros toca la difinición deste caso; y,
porque vaya con más fundamento, yo tomaré en secreto los votos destos
señores, y de lo que resultare daré entera y clara noticia.

Para aquellos que la tenían del humor de don Quijote, era todo esto materia
de grandísima risa; pero, para los que le ignoraban, les parecía el mayor
disparate del mundo, especialmente a los cuatro criados de don Luis, y a
don Luis ni más ni menos, y a otros tres pasajeros que acaso habían llegado

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