Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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traslada ni el que copia un papel de otro papel. Y no por esto quiero
inferir que no sea loable este ejercicio del traducir; porque en otras
cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le trujesen.
Fuera desta cuenta van los dos famosos traductores: el uno, el doctor
Cristóbal de Figueroa, en su Pastor Fido, y el otro, don Juan de Jáurigui,
en su Aminta, donde felizmente ponen en duda cuál es la tradución o cuál el
original. Pero dígame vuestra merced: este libro, ¿imprímese por su cuenta,
o tiene ya vendido el privilegio a algún librero?

-Por mi cuenta lo imprimo -respondió el autor-, y pienso ganar mil ducados,
por lo menos, con esta primera impresión, que ha de ser de dos mil cuerpos,
y se han de despachar a seis reales cada uno, en daca las pajas.

-¡Bien está vuesa merced en la cuenta! -respondió don Quijote-. Bien parece
que no sabe las entradas y salidas de los impresores, y las
correspondencias que hay de unos a otros; yo le prometo que, cuando se vea
cargado de dos mil cuerpos de libros, vea tan molido su cuerpo, que se
espante, y más si el libro es un poco avieso y no nada picante.

-Pues, ¿qué? -dijo el autor-. ¿Quiere vuesa merced que se lo dé a un
librero, que me dé por el privilegio tres maravedís, y aún piensa que me
hace merced en dármelos? Yo no imprimo mis libros para alcanzar fama en el
mundo, que ya en él soy conocido por mis obras: provecho quiero, que sin él
no vale un cuatrín la buena fama.

-Dios le dé a vuesa merced buena manderecha -respondió don Quijote.

Y pasó adelante a otro cajón, donde vio que estaban corrigiendo un pliego
de un libro que se intitulaba Luz del alma; y,en viéndole, dijo:

-Estos tales libros, aunque hay muchos deste género, son los que se deben
imprimir, porque son muchos los pecadores que se usan, y son menester
infinitas luces para tantos desalumbrados.

Pasó adelante y vio que asimesmo estaban corrigiendo otro libro; y,
preguntando su título, le respondieron que se llamaba la Segunda parte del
Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesta por un tal vecino de
Tordesillas.

-Ya yo tengo noticia deste libro -dijo don Quijote-, y en verdad y en mi
conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho polvos, por
impertinente; pero su San Martín se le llegará, como a cada puerco, que las
historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan
a la verdad o la semejanza della, y las verdaderas tanto son mejores cuanto

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