Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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son más verdaderas.

Y, diciendo esto, con muestras de algún despecho, se salió de la emprenta.
Y aquel mesmo día ordenó don Antonio de llevarle a ver las galeras que en
la playa estaban, de que Sancho se regocijó mucho, a causa que en su vida
las había visto. Avisó don Antonio al cuatralbo de las galeras como aquella
tarde había de llevar a verlas a su huésped el famoso don Quijote de la
Mancha, de quien ya el cuatralbo y todos los vecinos de la ciudad tenían
noticia; y lo que le sucedió en ellas se dirá en el siguiente capítulo.





Capítulo LXIII. De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita de las
galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca


Grandes eran los discursos que don Quijote hacía sobre la respuesta de la
encantada cabeza, sin que ninguno dellos diese en el embuste, y todos
paraban con la promesa, que él tuvo por cierto, del desencanto de Dulcinea.
Allí iba y venía, y se alegraba entre sí mismo, creyendo que había de ver
presto su cumplimiento; y Sancho, aunque aborrecía el ser gobernador, como
queda dicho, todavía deseaba volver a mandar y a ser obedecido; que esta
mala ventura trae consigo el mando, aunque sea de burlas.

En resolución, aquella tarde don Antonio Moreno, su huésped, y sus dos
amigos, con don Quijote y Sancho, fueron a las galeras. El cuatralbo, que
estaba avisado de su buena venida, por ver a los dos tan famosos Quijote y
Sancho, apenas llegaron a la marina, cuando todas las galeras abatieron
tienda, y sonaron las chirimías; arrojaron luego el esquife al agua,
cubierto de ricos tapetes y de almohadas de terciopelo carmesí, y, en
poniendo que puso los pies en él don Quijote, disparó la capitana el cañón
de crujía, y las otras galeras hicieron lo mesmo, y, al subir don Quijote
por la escala derecha, toda la chusma le saludó como es usanza cuando una
persona principal entra en la galera, diciendo: ´´¡Hu, hu, hu!´´ tres
veces. Diole la mano el general, que con este nombre le llamaremos, que era
un principal caballero valenciano; abrazó a don Quijote, diciéndole:

-Este día señalaré yo con piedra blanca, por ser uno de los mejores que
pienso llevar en mi vida, habiendo visto al señor don Quijote de la Mancha:
tiempo y señal que nos muestra que en él se encierra y cifra todo el valor
del andante caballería.

Con otras no menos corteses razones le respondió don Quijote, alegre
sobremanera de verse tratar tan a lo señor. Entraron todos en la popa, que
estaba muy bien aderezada, y sentáronse por los bandines, pasóse el cómitre

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