Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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padre, mezclando sus lágrimas con las suyas; el cual dijo al general y al
virrey:

-Ésta, señores, es mi hija, más desdichada en sus sucesos que en su nombre.
Ana Félix se llama, con el sobrenombre de Ricote, famosa tanto por su
hermosura como por mi riqueza. Yo salí de mi patria a buscar en reinos
estraños quien nos albergase y recogiese, y, habiéndole hallado en
Alemania, volví en este hábito de peregrino, en compañía de otros alemanes,
a buscar mi hija y a desenterrar muchas riquezas que dejé escondidas. No
hallé a mi hija; hallé el tesoro, que conmigo traigo, y agora, por el
estraño rodeo que habéis visto, he hallado el tesoro que más me enriquece,
que es a mi querida hija. Si nuestra poca culpa y sus lágrimas y las mías,
por la integridad de vuestra justicia, pueden abrir puertas a la
misericordia, usadla con nosotros, que jamás tuvimos pensamiento de
ofenderos, ni convenimos en ningún modo con la intención de los nuestros,
que justamente han sido desterrados.

Entonces dijo Sancho:

-Bien conozco a Ricote, y sé que es verdad lo que dice en cuanto a ser Ana
Félix su hija; que en esotras zarandajas de ir y venir, tener buena o mala
intención, no me entremeto.

Admirados del estraño caso todos los presentes, el general dijo:

-Una por una vuestras lágrimas no me dejarán cumplir mi juramento: vivid,
hermosa Ana Félix, los años de vida que os tiene determinados el cielo, y
lleven la pena de su culpa los insolentes y atrevidos que la cometieron.

Y mandó luego ahorcar de la entena a los dos turcos que a sus dos soldados
habían muerto; pero el virrey le pidió encarecidamente no los ahorcase,
pues más locura que valentía había sido la suya. Hizo el general lo que el
virrey le pedía, porque no se ejecutan bien las venganzas a sangre helada.
Procuraron luego dar traza de sacar a don Gaspar Gregorio del peligro en
que quedaba. Ofreció Ricote para ello más de dos mil ducados que en perlas
y en joyas tenía. Diéronse muchos medios, pero ninguno fue tal como el que
dio el renegado español que se ha dicho, el cual se ofreció de volver a
Argel en algún barco pequeño, de hasta seis bancos, armado de remeros
cristianos, porque él sabía dónde, cómo y cuándo podía y debía desembarcar,
y asimismo no ignoraba la casa donde don Gaspar quedaba. Dudaron el general
y el virrey el fiarse del renegado, ni confiar de los cristianos que habían
de bogar el remo; fióle Ana Félix, y Ricote, su padre, dijo que salía a dar
el rescate de los cristianos, si acaso se perdiesen.

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