Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Viendo, pues, el de la Blanca Luna que aquel caballero no le dejaba, le
dijo:

-Bien sé, señor, a lo que venís, que es a saber quién soy; y, porque no hay
para qué negároslo, en tanto que este mi criado me desarma os lo diré, sin
faltar un punto a la verdad del caso. Sabed, señor, que a mí me llaman el
bachiller Sansón Carrasco; soy del mesmo lugar de don Quijote de la Mancha,
cuya locura y sandez mueve a que le tengamos lástima todos cuantos le
conocemos, y entre los que más se la han tenido he sido yo; y, creyendo que
está su salud en su reposo y en que se esté en su tierra y en su casa, di
traza para hacerle estar en ella; y así, habrá tres meses que le salí al
camino como caballero andante, llamándome el Caballero de los Espejos, con
intención de pelear con él y vencerle, sin hacerle daño, poniendo por
condición de nuestra pelea que el vencido quedase a discreción del
vencedor; y lo que yo pensaba pedirle, porque ya le juzgaba por vencido,
era que se volviese a su lugar y que no saliese dél en todo un año, en el
cual tiempo podría ser curado; pero la suerte lo ordenó de otra manera,
porque él me venció a mí y me derribó del caballo, y así, no tuvo efecto mi
pensamiento: él prosiguió su camino, y yo me volví, vencido, corrido y
molido de la caída, que fue además peligrosa; pero no por esto se me quitó
el deseo de volver a buscarle y a vencerle, como hoy se ha visto. Y como él
es tan puntual en guardar las órdenes de la andante caballería, sin duda
alguna guardará la que le he dado, en cumplimiento de su palabra. Esto es,
señor, lo que pasa, sin que tenga que deciros otra cosa alguna; suplícoos
no me descubráis ni le digáis a don Quijote quién soy, porque tengan efecto
los buenos pensamientos míos y vuelva a cobrar su juicio un hombre que le
tiene bonísimo, como le dejen las sandeces de la caballería.

-¡Oh señor -dijo don Antonio-, Dios os perdone el agravio que habéis hecho
a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él!
¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de
don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos? Pero yo
imagino que toda la industria del señor bachiller no ha de ser parte para
volver cuerdo a un hombre tan rematadamente loco; y si no fuese contra
caridad, diría que nunca sane don Quijote, porque con su salud, no

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