Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza, su escudero, que
cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía. Con todo
esto, callaré, y no le diré nada, por ver si salgo verdadero en sospechar
que no ha de tener efecto la diligencia hecha por el señor Carrasco.

El cual respondió que ya una por una estaba en buen punto aquel negocio, de
quien esperaba feliz suceso. Y, habiéndose ofrecido don Antonio de hacer lo
que más le mandase, se despidió dél; y, hecho liar sus armas sobre un
macho, luego al mismo punto, sobre el caballo con que entró en la batalla,
se salió de la ciudad aquel mismo día y se volvió a su patria, sin
sucederle cosa que obligue a contarla en esta verdadera historia.

Contó don Antonio al visorrey todo lo que Carrasco le había contado, de lo
que el visorrey no recibió mucho gusto, porque en el recogimiento de don
Quijote se perdía el que podían tener todos aquellos que de sus locuras
tuviesen noticia.

Seis días estuvo don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y mal
acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado suceso
de su vencimiento. Consolábale Sancho, y, entre otras razones, le dijo:

-Señor mío, alce vuestra merced la cabeza y alégrese, si puede, y dé
gracias al cielo que, ya que le derribó en la tierra, no salió con alguna
costilla quebrada; y, pues sabe que donde las dan las toman, y que no
siempre hay tocinos donde hay estacas, dé una higa al médico, pues no le ha
menester para que le cure en esta enfermedad: volvámonos a nuestra casa y
dejémonos de andar buscando aventuras por tierras y lugares que no sabemos;
y, si bien se considera, yo soy aquí el más perdidoso, aunque es vuestra
merced el más mal parado. Yo, que dejé con el gobierno los deseos de ser
más gobernador, no dejé la gana de ser conde, que jamás tendrá efecto si
vuesa merced deja de ser rey, dejando el ejercicio de su caballería; y así,
vienen a volverse en humo mis esperanzas.

-Calla, Sancho, pues ves que mi reclusión y retirada no ha de pasar de un
año; que luego volveré a mis honrados ejercicios, y no me ha de faltar
reino que gane y algún condado que darte.

-Dios lo oiga -dijo Sancho-, y el pecado sea sordo, que siempre he oído
decir que más vale buena esperanza que ruin posesión.

En esto estaban cuando entró don Antonio, diciendo con muestras de
grandísimo contento:

-¡Albricias, señor don Quijote, que don Gregorio y el renegado que fue por
él está en la playa! ¿Qué digo en la playa? Ya está en casa del visorrey, y

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