Misas herejes (Evaristo Carriego) Libros Clásicos

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Misas herejes

Evaristo Carriego


Viejos sermones
Las frases de anfiteatro, son estigmas y motes

Por el alma de Don Quijote
Con el más reposado y humilde
continente,
de contrición sincera; suave, discretamente,
por no incurrir en burlas de ingeniosos
normales,
sin risueños enojos ni actitudes teatrales
de cómico rebelde, que, cenando en
comparsa,
ensaya el llanto trágico que llorará en la
farsa,
dedico estos sermones, porque sí, porque
quiero,
al Único, al Supremo famoso Caballero,
a quien pido que siempre me tenga de su
mano,
al santo de los santos Don Alonso Quijano
que ahora está en la Gloria, y a la diestra

del Bueno:
su dulcísimo hermano Jesús el Nazareno,
con las desilusiones de sus caballerías
renegando de todas nuestras bellaquerías,
Pero me estoy temiendo que venga algún chistoso
con sátiras amables de burlador donoso,
o con mordacidades de socarrón hiriente,
y descubra, tan grave como irónicamente,
-a la sandez de Sancho se le llama ironía-
que mi amor al Maestro se convierte en manía.
Porque así van las cosas; la más simple creencia
requiere el visto bueno y el favor de la Ciencia:
si a ella no se acoge no prospera y, acaso,
su propio nombre pierde para tornarse caso.
Y no vale la pena (no es un pretexto fútil
con el cual se pretenda rechazar algo útil)
de que se tome en serio lo vago, lo ilusorio,
los credos que no tengan olor a sanatorio.

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