Celoso estremeño (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Apenas salió el amo de casa, cuando el negro arrebató la guitarra y comenzó a tocar de tal manera que todas las criadas le oyeron, y por el torno le preguntaron:
-¿Qué es esto, Luis? ¿De cuándo acá tienes tú guitarra, o quién te la ha dado?
-¿Quién me la ha dado? -respondió Luis-. El mejor músico que hay en el mundo, y el que me ha de enseñar en menos de seis días más de seis mil sones.
-Y ¿dónde está ese músico? -preguntó la dueña.
-No está muy lejos de aquí -respondió el negro-; y si no fuera por vergüenza y por el temor que tengo a mi señor, quizá os le enseñara luego, y a fe que os holgásedes de verle.
-Y ¿adónde puede él estar que nosotras le podamos ver -replicó la dueña-, si en esta casa jamás entró otro hombre que nuestro dueño?
-Ahora bien -dijo el negro-, no os quiero decir nada hasta que veáis lo que yo sé y él me ha enseñado en el breve tiempo que he dicho.
-Por cierto -dijo la dueña- que, si no es algún demonio el que te ha de enseñar, que yo no sé quién te pueda sacar músico con tanta brevedad.
-Andad -dijo el negro-, que lo oiréis y lo veréis algún día.
-No puede ser eso -dijo otra doncella-, porque no tenemos ventanas a la calle para poder ver ni oír a nadie.
-Bien está -dijo el negro-; que para todo hay remedio si no es para escusar la muerte; y más si vosotras sabéis o queréis callar.
-¡Y cómo que callaremos, hermano Luis! -dijo una de las esclavas-.

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