Entremeses (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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CIRUJANO. Ya conozco yo a la mujer deste buen hombre, y es tan mala como mi Aldonza; que no lo puedo más encarecer.
JUEZ. Mirad, señores: aunque algunos de los que aquí estáis habéis dado algunas causas que traen aparejada sentencia de divorcio, con todo eso, es menester que conste por escrito, y que lo digan testigos; y así, a todos os recibo a prueba. Pero ¿qué es esto? ¿Música y guitarras en mi audiencia? ¡Novedad grande es ésta!
(Entran dos músicos.)

Músicos. Señor juez, aquellos dos casados tan desavenidos que
vuesa merced concertó, redujo y apaciguó el otro día, están esperando
a vuesa merced con una gran fiesta en su casa; y por nosotros le envían
a suplicar sea servido de hallarse en ella y honrallos.
JUEZ. Eso haré yo de muy buena gana, y pluguiese a Dios que todos los presentes se apaciguasen como ellos.
PROCURADOR. Desa manera, moriríamos de hambre los escribanos y procuradores desta audiencia; que no, no, sino todo el mundo ponga demandas de divorcios, que al cabo, al cabo, los más se quedan
como se estaban, y nosotros habemos gozado del fruto de sus pendencias y necedades.
MÚSICOS. Pues en verdad que desde aquí hemos de ir regocijando la fiesta.
(Cantan los músicos.)

«Entre casados de honor,
cuando hay pleito descubierto,
más vale el peor concierto
que no el divorcio mejor.
Donde no ciega el engaño
simple, en que algunos están,
las riñas de por San Juan
son paz para todo el año.
Resucita allí el honor,
y el gusto, que estaba muerto,
donde vale el peor concierto
más que el divorcio mejor.

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