Entremeses (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Que fue mi cara, agradecida prenda,
En las cuales sin duda susurraron
A sus oídos treinta y más sermones,
Y en todos ellos, por respeto mío,
Estuvo firme, cual está a las olas
Del mar movible la inamovible roca.
¡Cuántas veces me dijo la pobreta,
Saliendo de los trances rigurosos
De gritos y plegarias y de ruegos,
Sudando y trasudando: «¡Plega al cielo,
Trampagos mío, que en descuento vaya
De mis pecados lo que aquí yo paso
Por ti, dulce bien mío!»
CHIQUIZNAQUE ¡Bravo triunfo!
¡Ejemplo raro de inmortal firmeza!
¡Allá lo habrá hallado!
TRAMPAGOS ¿Quién lo duda?
Ni aun una sola lágrima vertieron
Jamás sus ojos en las sacras pláticas,
Cual si de esparto o pedernal su alma
Formada fuera.
CHIQUIZNAQUE ¡Oh, hembra benemérita
De griegas y romanas alabanzas!
¿De qué murió?
TRAMPAGOS ¿De qué? Casi de nada:
Los médicos dijeron que tenía
Malos los hipocondrios y los hígados,
Y que con agua de taray pudiera
Vivir, si la bebiera, setenta años.
CHIQUIZNAQUE ¿No la bebió?
TRAMPAGOS Murióse.
CHIQUIZNAQUE Fue una necia.
¡Bebiérala hasta el día del juicio,
Que hasta entonces viviera! El yerro estuvo
En no hacerla sudar.
Sudó once veces
(Entra VADEMÉCUM con los asientos referidos.)

CHIQUIZNAQUE ¿Y aprovechóle alguna?
TRAMPAGOS Casi todas:
Siempre quedaba como un ginjo verde,
Sana como un peruétano o manzana.
CHIQUIZNAQUE Dícenme que tenía ciertas fuentes
En las piernas y brazos.
TRAMPAGOS La sin dicha
Era un Aranjüez; pero, con todo,
Hoy come en ella la que llaman tierra,
De las más blancas y hermosas carnes
Que jamás encerraron sus entrañas;
Y, si no fuera porque habrá dos años
Que comenzó a dañársele el aliento,

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