Entremeses (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 37 de 101


SOLDADO. En eso me llevas ventaja, porque no tengo qué tocar, ni cosa que lo valga.
SACRISTÁN. ¿Y de qué manera ha correspondido Cristina a la infinidad de tantos servicios como le has hecho?
SOLDADO. Con no yerme, con no hablarme, con maldecirme cuando me encuentra por la calle, con derramar sobre mí las lavazas cuando jabona y el agua de fregar cuando friega; y esto es cada día, porque todos los días estoy en esta calle y a su puerta; porque soy su guarda cuidadosa; soy, en fin, el perro del hortelano, etcétera. Yo no la gozo, ni ha de gozarla ninguno mientras yo viviere; por eso, váyase de aquí el señor sota-sacristán, que, por haber tenido y tener respeto a las órdenes que tiene, no le tengo ya rompidos los cascos.
SACRISTÁN. A rompérmelos como están rotos esos vestidos, bien rotos estuvieran.
SOLDADO. El hábito no hace al monje; y tanta honra tiene un soldado roto por causa de la guerra, como la tiene un colegial con el manto hecho añicos, porque en él se muestra la antigüedad de sus estudios; ¡y váyase, que haré lo que dicho tengo!
SACRISTÁN. ¿Es porque me ve sin armas? Pues espérese aquí, señor guarda cuidadosa, y verá quién es Callejas.
SOLDADO. ¿Qué puede ser un Pasillas?
SACRISTÁN. Ahora lo veredes, dijo Agrajes.
(Entrase el SACRISTÁN.)
SOLDADO. ¡Oh, mujeres, mujeres, todas, o las más, mudables y antojadizas! ¿Dejas, Cristina, a esta flor, a este jardín de la soldadesca, y acomódaste con el muladar de un sota-sacristán, pudiendo acomodarte con un sacristán entero, y aun con un canónigo? Pero yo procuraré que te entre en mal provecho, si puedo, aguando tu gusto, con ojear desta calle y de tu puerta los que imaginare que por alguna vía pueden ser tus amantes; y así vendré a alcanzar nombre de la guarda cuidadosa.

Página 37 de 101
 

Paginas:
Grupo de Paginas:         

Compartir:




Diccionario: