Entremeses (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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(Entra UN MOZO con su caja y ropa verde, como estos que piden limosna para alguna imagen.)

MOZO. ¡ Den por Dios, para la lámpara del aceite de señora Santa Lucía, que les guarde la vista de los ojos. ¡Ha de casa! ¿Dan limosna?
SOLDADO. ¡Hola, amigo Santa Lucía! Venid acá. ¿Qué es lo que queréis en esa casa?
MOZO. ¿Ya vuesa merced no lo ve? Limosna para la lámpara del aceite de señora Santa Lucía.
SOLDADO. ¿Pedís para la lámpara, o para el aceite de la lámpara? Que, como decís limosna para la lámpara del aceite, parece que la lámpara es del aceite, y no el aceite de la lámpara.
MOZO. Ya todos entienden que pido para aceite de la lámpara, y no para la lámpara del aceite.
SOLDADO. ¿Y suelen-os dar limosna en esta casa?
MOZO. Cada día, dos maravedís.
SOLDADO. ¿Y quién sale a dároslos?
MOZO. Quien se halla más a mano; aunque las más veces sale una fregoncita que se llama Cristina, bonita como un oro.
SOLDADO. ¿Así que es la fregoncita bonita como un oro?
MOZO. ¡Y como unas pelras!
SOLDADO. ¿De modo que no os parece mal a vos la muchacha?
MOZO. Pues aunque yo fuera hecho de leño, no pudiera parecerme mal.
SOLDADO. ¿Cómo os llamáis? Que no querría volveros a llamar Santa Lucía.
MOZO. Yo, señor, Andrés me llamo.
SOLDADO. Pues, señor Andrés, esté en lo que quiero decirle:
tome este cuarto de a ocho, y haga cuenta que va pagado por cuatro días de la limosna que le dan en esta casa y suele recebir por mano de Cristina; y váyase con Dios, y séale aviso que por cuatro días no vuelva a llegar a esta puerta ni por lumbre, que le romperé las costillas a coces.

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