Entremeses (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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SOLDADO. Señor bueno, ¿busca vuesa merced algo en esta casa?
ZAPATERO. Sí busco.
SOLDADO. ¿Y a quién, si fuere posible saberlo?
ZAPATERO. ¿Por qué no? Busco a una fregona que está en esta casa, para darle estas chinelas que me mandó hacer.
SOLDADO. ¿De manera que vuesa merced es su zapatero?
ZAPATERO. Muchas veces la he calzado.
SOLDADO. ¿Y hale de calzar ahora estas chinelas?
ZAPATERO. No será menester; si fueran zapatillos de hombre, como ella los suele traer, si calzara.
SOLDADO. ¿Y estás, están pagadas, o no?
ZAPATERO. No están pagadas; que ellas me las ha de pagar agora.
SOLDADO. ¿No me haría vuesa merced una merced, que sería para mí muy grande, y es que me fiase estas chinelas, dándole yo prendas que lo valiesen, hasta desde aquí a dos días, que espero tener dineros en abundancia?
ZAPATERO. Sí haré, por cierto. Venga la prenda, que, como soy pobre oficial no puedo fiar a nadie.
SOLDADO. Yo le daré a vuesa merced un mondadientes que le estimo en mucho, y no le dejaré por un escudo. ¿Dónde tiene vuesa merced la tienda, para que vaya a quitarle?
ZAPATERO. En la calle Mayor, en un poste de aquéllos, y llámome Juan Juncos.
SOLDADO. Pues, señor Juan Juncos, el mondadientes es éste, y estímele vuesa merced en mucho, porque es mío.
ZAPATERO. ¿Pues una biznaga que apenas vale dos maravedís, quiere vuesa merced que estime en mucho?
SOLDADO. ¡Oh, pecador de mi! No la doy yo sino para recuerdo de mí mismo; porque, cuando vaya a echar mano a la faldriquera y no halle la biznaga, me venga a la memoria que la tiene vuesa merced y
vaya luego a quitalla; sí a fe de soldado, que no la doy por otra cosa; pero, si no está contento con ella, añadiré esta banda y este antojo: que al buen pagador no le duelen prendas.

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