Entremeses (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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ZAPATERO. Aunque zapatero, no soy tan descortés que tengo de despojar a vuesa merced de sus joyas y preseas; vuesa merced se quede con ellas, que yo me quedaré con mis chinelas, que es lo que me está más a cuento.
SOLDADO. ¿Cuántos puntos tienen?
ZAPATERO. Cinco escasos.
SOLDADO. Más escaso Soy yo chinelas de mis entrañas, pues no tengo seis reales para pagaros, ¡Chinelas de mis entrañas! Escuche vuesa merced, señor zapatero, que quiero glosar aquí de repente este verso, que me ha salido medido: Chinelas de mis entrañas.
ZAPATERO. ¿Es poeta vuesa merced?
SOLDADO. Famoso, y agora lo verá; estéme atento.
Chinelas de mis entrañas.

GLOSA
Es amor tan gran tirano,
Que, olvidado de la fe
Que le guardo siempre en vano,
Hoy con la funda de un pie,
Da a mi esperanza de mano.
Estas son vuestras hazañas,
Fundas pequeñas y hurañas;
Que ya mi alma imagina
Que sois, por ser de
Cristina,
Chinelas de mis entrañas.


ZAPATERO. A mí poco se me entiende de trovas; pero éstas me han sonado tan bien, que me parecen de Lope, como lo son todas las cosas que son o parecen buenas.
SOLDADO. Pues, señor, ya que no lleva remedio de fiarme estas chinelas, que no fuera mucho, y más sobre tan dulces prendas, por mi mal halladas, llévelo, a lo menos, de que vuesa merced me las guarde hasta desde aquí a dos días, que yo vaya por ellas; y por ahora, digo, por esta vez, el señor zapatero no ha de ver ni hablar a Cristina.
ZAPATERO. Yo haré lo que me manda el señor soldado, porque se me trasluce de qué pies cojea, que son dos: el de la necesidad y el de los celos.

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