La Señora Cornelia (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Mucho os pido, pero a más obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona.
-No más, señor Lorenzo -dijo a esta sazón don Juan (que hasta allí, sin interrumpirle palabra, le había estado escuchando)-, no más, que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero, y tomo a mi cargo la satisfación o venganza de vuestro agravio; y esto no sólo por ser español, sino por ser caballero y serlo vos tan principal como habéis dicho, y como yo sé y como todo el mundo sabe. Mirad cuándo queréis que sea nuestra partida; y sería mejor que fuese luego, porque el hierro se ha de labrar mientras estuviere encendido, y el ardor de la cólera acrecienta el ánimo, y la injuria reciente despierta la venganza.
Levantóse Lorenzo y abrazó apretadamente a don Juan, [y] dijo:
-A tan generoso pecho como el vuestro, señor don Juan, no es menester moverle con ponerle otro interés delante que el de la honra que ha de ganar en este hecho, la cual desde aquí os la doy si salimos felicemente deste caso, y por añadidura os ofrezco cuanto tengo, puedo y valgo. La ida quiero que sea mañana, porque hoy pueda prevenir lo necesario para ella.
-Bien me parece -dijo don Juan-; y dadme licencia, señor Lorenzo, que yo pueda dar cuenta deste hecho a un caballero, camarada mía, de cuyo valor y silencio os podéis prometer harto más que del mío.
-Pues vos, señor don Juan, según decís, habéis tomado mi honra a vuestro cargo, disponed della como quisiéredes, y decid della lo que quisiéredes y a quien quisiéredes, cuanto más que camarada vuestra, ¿quién puede ser que muy bueno no sea?

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