La Señora Cornelia (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Preguntóle don Juan qué mal tenía y adónde estaba Cornelia.
Respondió don Antonio:
-¿Qué mal queréis que no tenga? Pues Cornelia no parece, que con el ama que le dejamos para su compañía, el mismo día que de aquí faltamos, faltó ella.
Poco le faltó al duque para espirar, y a Lorenzo para desesperarse, oyendo tales nuevas. Finalmente, todos quedaron turbados, suspensos e imaginativos. En esto, se llegó un paje a don Antonio y al oído le dijo:
-Señor, Santisteban, el paje del señor don Juan, desde el día que vuesas mercedes se fueron, tiene una mujer muy bonita encerrada en su aposento, y yo creo que se llama Cornelia, que así la he oído llamar.
Alborotóse de nuevo don Antonio, y más quisiera que no hubiera parecido Cornelia, que sin duda pensó que era la que el paje tenía escondida, que no que la hallaran en tal lugar. Con todo eso no dijo nada, sino callando se fue al aposento del paje, y halló cerrada la puerta y que el paje no estaba en casa. Llegóse a la puerta y dijo con voz baja:
-Abrid, señora Cornelia, y salid a recebir a vuestro hermano y al duque vuestro esposo, que vienen a buscaros.
Respondiéronle de dentro:
-¿Hacen burla de mí? Pues en verdad que no soy tan fea ni tan desechada que no podían buscarme duques y condes, y eso se merece la presona que trata con pajes.
Por las cuales palabra entendió don Antonio que no era Cornelia la que respondía. Estando en esto, vino Santisteban el paje, y acudió luego a su aposento, y, hallando allí a don Antonio, que pedía que le trujesen las llaves que había en casa, por ver si alguna hacía a la puerta, el paje, hincado de rodillas y con la llave en la mano, le dijo:

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