Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Éntrase AURELIO, y sale SAYAVEDRA, soldado cativo; LEONARDO, cativo, y SEBASTI&AACUTEN, muchacho cativo, a su tiempo.

SAYAVEDRA En la veloz carrera, apresuradas
las horas del ligero tiempo veo,
contra mí con el cielo conjuradas.
Queda atrás la esperanza, y no el deseo,
y así la vida dél, la muerte della,
el daño, el mal aunmentan que poseo.
¡Ay dura, inicua, inexorable estrella,
cómo de los cabellos me has traído
al terrible dolor que me atropella!
LEONARDO El llanto en tales tiempos es perdido,
pues si llorando el cielo se ablandara,
ya le hubieran mis lágrimas movido.
A la triste fortuna alegre cara
debe mostrar el pecho generoso:
que a cualquier mal, buen ánimo repara.
SAYAVEDRA El cuello enflaquecido al trabajoso
yugo de esclavitud amarga puesto,
bien ves que a cuerpo y alma es peligroso;
y más aquel que tiene prosupuesto
de dejarse morir antes que pase
un punto el modo del vivir honesto.
LEONARDO Si acaso yo tus obras imitase,
forzoso me sería que al momento
en brazos de la hambre me entregase.
Bien sé que en el cativo no hay contento;
mas no quiero cre[c]er yo mi fatiga,
tiniendo en ella siempre el pensamiento.
A mi patrona tengo por amiga;
trátame cual me ves: huelgo y paseo;
«cautivo soy», el que quisiere diga.
SAYAVEDRA Triunfa, Leonardo, y goza ese trofeo;
que, si por ser cautivo le hermoseas,
yo sé que es torpe, desgraciado y feo.
LEONARDO Amigo Sayavedra, si te ar[r]eas

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