Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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cerrados de tormentos inhumanos,
poderoso señor, te´stán rogando
vuelvas los ojos de misericordia
a los suyos, que están siempre llorando;
y, pues te deja agora la discordia
que tanto te ha oprimido y fatigado,
y Amor en darte sigue la concordia,
haz, ¡oh buen rey!, que sea por ti acabado
lo que con tanta audacia y valor tanto
fue por tu amado padre comenzado.
El sólo ver que vas pondrá un espan[to]
en la bárbara gente, que adivino
ya desde aquí su pérdida y quebranto».
¿Quién duda que el real pecho begnino
no se muestre, oyendo la tristeza
donde están estos míseros contino?
Mas, ¡ay, cómo se muestra la bajeza
de mi tan rudo ingenio, pues pretende
hablar tan bajo ante tan alta alteza!
Mas la ocasión es tal, que me defiende.
Pero a todo silencio poner quiero,
que creo que mi plática te ofende,
y al trabajo he de ir adonde muero.

Aquí entra SEBASTIÁN, muchacho, en hábito de esclavo.

SEBASTIÁN ¿Hase visto tal maldad?
¿Hay tierra tan sin concordia,
do falta misericordia
y sobra la crueldad?
¿Dónde se halla[rá] disculpa
de maldad tan insolente:
que pague el que es inocente
por el que tiene la culpa?
¡Oh cielos! ¿Qué es lo que he visto?
¡Éste sí que es pueblo injusto,
donde se tiene por gusto
matar los siervos de Cristo!
¡Oh España, patria querida!,
mira cuál es nuestra suerte,
que si allá das justa muerte,

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