Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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quitas acá justa vida.
LEONARDO Sebastián, dinos qué tienes,
que hablas razones tales.
SEBASTIÁN Una infinidad de males
y una penuria de bienes.
LEONARDO En ser, como eres, esclavo
se encierra todo dolor.
SEBASTIÁN Otra pena muy mayor
me tiene a mí tan al cabo.
SAYAVEDRA ¿De dónde puede causarse
la pena que dices brava?
SEBASTIÁN De una vida que hoy se acaba
para jamás acabarse.
«Ya sabé[i]s que aquí en Argel
se supo cómo en Valencia
murió por justa sentencia
un morisco de Sargel;
digo que en Sargel vivía,
puesto que era de Aragón,
y, al olor de su nación,
pasó el perro en Berbería;
y aquí cosario se hizo,
con tan prestas crueles manos,
que con sangre de cristianos
la suya bien satisfizo.
Andando en corso fue preso,
y, como fue conocido,
fue en la Inquisición metido,
do le formaron proceso;
y allí se le averiguó
cómo, siendo batizado,
de Cristo había renegado
y en África se pasó,
y que, por su industria y manos,
traidores tratos esquivos,
habían sido cautivos
más de seiscientos cristianos;
y, como se le probaron
tantas maldades y errores,
los justos inquisidores
al fuego le condenaron.
Súpose del moro acá,
y la muerte que le dieron,
porque luego la escribieron
los moriscos que hay allá.
La triste nueva sabida
de los parientes del muerto,
juran y hacen concierto

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