Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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de dar al fuego otra vida.
Buscaron luego un cristiano
para pagar este escote,
y halláronle sacerdote,
y de nación valenciano.
Prendieron éste a gran priesa
para ejecutar su hecho,
porque vieron que en el pecho
traía la cruz de Montesa,
y esta señal de victoria
que le cupo en buena suerte,
si le dio en el suelo muerte,
en el cielo le dio gloria;
porque estos ciegos sin luz,
que en él tal señal han visto,
pensando matar a Cristo,
matan al que trae su cruz.
De su amo lo compraron,
y, aunque eran pobres, a un punto
el dinero todo junto
de limosna lo allegaron.
En nuestro pueblo cristiano,
por Dios se pide a la gente,
para sanar al doliente,
no para matar al sano;
mas entre esta descreída
gente y maldito lugar,
no piden para sanar,
mas para quitar la vida.
Hoy en poder de sayones
he visto al siervo de Dios,
no sólo puesto entre dos,
sino entre dos mil sayones.
Iba el sacerdote justo
entre injusta gente puesto,
marchito y humilde el gesto,
a morir por Dios con gusto.
En darle penas dobladas
todo el pueblo se desvela:
cual sus blancas canas pela,
cual le da mil bofetadas.
Las manos que a Dios tuvieron
mil veces, hoy son tenidas
de dos sogas retorcidas
con que atrás se las asieron;
al yugo de otro cordel,

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