Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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puesto el cuello humilde lleva,
haciendo seis moros prueba
cuánto pueden tirar dél.
A ningún lado miraba
que descubra un solo amigo:
que todo el pueblo enemigo
en torno le rodeaba.
Con voluntad tan dañada
procuran su pena y lloro,
que se tuvo por mal moro
quien no le dio bofetada.
A la marina llegaron
con la víctima inocente,
do con barbaria insolente
a un áncora le ligaron.
Dos áncoras a una mano
vi yo allí en contrario celo:
una, de hierro, en el suelo;
otra, de fe, en el cristiano.
Y, la una a la otra asida,
la de hierro se convierte
a dar cruda y presta muerte;
la de fe, a dar larga vida.
Ved si es bien contrario el celo
de las dos en esta guerra:
la una en el süelo afierra;
la otra se ase del cielo;
y, aunque corra tal fortuna
que espante al cuerpo y al alma,
como si estuviera en calma,
no hay desasirse la una.
Sin hierro al hierro ligado,
el siervo de Dios se hallaba,
y en su cuerpo atado estaba
espíritu desatado.
El cuerpo no se rodea,
que le ata más de un cordel;
mas el espíritu dél
todos los cielos pasea.
La canalla, que se enseña
a hacer nueva crueldad,
trujo luego cantidad
de seca y humosa leña,
y una espaciosa corona
hicieron luego con ella,

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