Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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la Virgen Sancta María.
Al fuego el aire le atiza,
y con tal ardor revuelve,
que poco a poco resuelve
el sancto cuerpo en ceniza.
Mas, ya que morir le vieron,
tantas piedras le tiraron,
que las piedras acabaron
lo que las llamas no hicieron.
¡Oh Santisteban segundo,
que me asegura tu celo
que miraste abierto el cielo
en tu muerte desde el mundo!
Queda el cuerpo en la marina,
quemado y apedreado;
el alma el vuelo ha tomado
hacia la región divina.
Queda el moro muy gozoso
del injusto y crudo hecho;
el turco está satisfecho;
el cristiano, temeroso.»
Yo he venido a referiros
lo que no pudistes ver,
si os lo ha dejado entender
mis lágrimas y suspiros.
SAYAVEDRA Deja el llanto, amigo, ya;
que no es bien que se haga duelo
por los que se van al cielo,
sino por quien queda acá:
que, aunque parece ofendida
a humanos ojos su suerte,
el acabar con tal muerte
es comenzar mejor vida.
Mide por otro nivel
tu llanto, que no hay paciencia
que las muertes de Valencia
se venguen acá en Argel.
Muéstrase allá la justicia
en castigar la maldad;
muestra acá la crueldad
cuánto puede la injusticia.
SEBASTIÁN En tan amarga querella,
¿quién detendrá los gemidos?
Ellos con culpa punidos;
nosotros, muertos sin ella.
LEONARDO Bastábanos ser cautivos,
sin temer más desconciertos,

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