Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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pues si allá queman los muertos,
abrasan acá los vivos.
Usa Valencia otros modos
en castigar renegados,
no en público sentenciados:
¡mueran a tósico todos!
Mas un moro viene acá:
no estemos juntos aquí;
Sayavedra, por allí,
tú, Sebastián, por allá.

Segunda Jornada


Yzuf y Aurelio.

YZUF Trecientos escudos di,
Aurelio, por la doncella.
Esto di al turco, que a ella
alma y vida le rendí;
y es poco, según es bella.
Vendiómela de aburrido,
que dice que no ha podido,
mientras la tuvo en poder,
en ningún modo atraer
al amoroso partido.
Púsela en casa de un moro,
sin osarla traer acá,
y allí está donde ella está
todo mi bien y tesoro,
y la gloria que amor da.
Allí se ve la bondad
junto con la crueldad
mayor que se vio en la tierra;
y juntas, sin hacer guerra,
belleza y honestidad.
No pueden prometimientos
ablandar su duro pecho.
Veme en lágrimas deshecho,
y ofrece siempre a los vientos
cuantos servicios la he hecho.
No echa de ver su ventura,
ni cómo el dolor me apura
poco a poco sospirando;
antes, cuando yo más blando,
entonces ella más dura.
A casa quiero traella
y reclinar en tu mano
mi gozo más soberano:
quizá tú podrás movella,
siendo, como ella, cristiano;
y desde aquí te prometo
que, si conduces a efecto

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