Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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¡Gracias hago y doy al cielo,
que a los dos ha dado un amo!
Tregua tendrán mis enojos
entre tanta desventura,
pues, por estraña ventura,
vendrán a mirar mis ojos
tu sin igual hermosura.
Y si della está rendido
mi amo, está conocido
que quien la supo mirar
es imposible escapar
de preso o de malherido.
Y, pues que con tales bríos
él descubre sus amores,
si nos vemos, sus dolores
se callarán y los míos
te diré, que son mayores.
Y, mientras pudiere ver
tu hermosura y gentil ser,
templaré mi desconsuelo,
hasta que disponga el cielo
de entrambos lo que ha de ser.

Vase AURELIO, y entran MERCADERES MOROS, primero y segundo; y PADRE y MADRE y dos HIJOS cautivos. Un PREGONERO; MAMÍ, soldado cosario.

MERC. [Primero] En fin, Aydar, ¿que en Cerdeña
habéis hecho la galima?
MAMÍ Sí; y aun no de poca estima,
según se vio en la reseña.
[MERC.] Segundo Dícennos que os dieron caza
de Nápoles las galeras.
MAMÍ Sí dieron, mas no de veras,
que el peso las embaraza.
El ladrón que va a hurtar,
para no dar en el lazo,
ha de ir muy sin embarazo
para huir, para alcanzar.
Las galeras de cristianos,
sabed, si no lo sabéis,
que tienen falta de pies
y que no les sobran manos;
y esto lo causa que van
tan llenas de mercancías,

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