Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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se llamaba San Pablo, y era nueva
y de la sacra religión de Malta.
Yo en ella me perdí, y aun [ima]gino
que conozco a ese Aurelio, y es un mozo
de rostro hermoso y de nación hispan[a].
ZAHARA Sin duda has acertado, ¡ay, Silvia mía!
¿Quién es este enemigo de mi gloria?
¿Es caballero, o rústico villano?
Que todo lo parece en su apostura
y dura condición: el talle ilustre,
de la ciudad; la condición, del monte.
SILVIA A mí, pobre escudero me parece,
según en la galera se trataba;
que de su hacienda no sé más, señora.
ZAHARA Ni yo sé qué te diga, ¡oh Silvia, Silvia!,
sino que a tal estremo soy venida,
que le tengo de amar, sea quien se fuere.
Sólo te ruego que procures, Silvia,
de ablandar esta tigre y fiera hircana,
y atraerla con dulces sentimientos
a que sienta la pena que padece
esta mísera esclava de su esclavo;
y si esto, Silvia, haces, yo te juro
por todo el Alcorán de buscar modo
cómo con brevedad alegre vuelvas
al patrio dulce suelo deseado.
SILVIA Deja, señora, al cargo a Silvia dello,
que tu verás lo que mi industria hac[e]
por gusto tuyo y por provecho mío.

AURELIO, solo.

[AURELIO] ¡Oh sancta edad, por nuestro mal pasada,
a quien nuestros antiguos le pusieron
el dulce nombre de la Edad dorada!
¡Cuán seguros y libres discurrieron
la redondez del suelo los quen ella

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