Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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entregue al que de Amor aún es novic[io];
que yo más cruda y más fiera batalla
espero a cada paso, ¡ay suerte dura!,
que teme el alma y ha de atropellalla.
¡Oh Silvia, reina de la hermosura!,
por vos a los oficios doy de mano
que pudieran honrarme y dar ven[tura].
Pero, ¿qué es lo que he dicho? ¡Oh ciego insano!
¿No vale más gozar de aquellos ojos,
que ser señor del áureo suelo hispano?
Tu beldad, Silvia, adoro aquí de hinojo[s].

AURELIO vuelve, y, hallándole de rodillas, le dice:

[AURELIO] ¿Son éstos los despojos, señor mío,
que el gran cuidado mío te procura?
Por cierto que es locura averiguada
mostrar tan derribada la esperanza.
Ten, señor, confianza; espera un poco,
que das muestras de loco en lo que ha[ces].
YZUF Poco me satisfaces y contentas,
si consolarme tientas con razones.
¿Has visto las faciones de mi diosa?
AURELIO Señor, no he visto cosa. ¿Es ya venida?
Si lo es, retraída está allá dentro.
YZUF Sí está, y aun en el centro de mi pe[cho].
AURELIO Ten cierto tu provecho desde hoy más.
YZUF Vamos, y verla has, y ten cuidado
de lo que te he rogado, Aur[elio amigo].
AURELIO El cielo será dello [buen testigo].

Vanse, y sale FÁTIMA sola.
[FÁTIMA] El esperado punto es ya llegado
que pide la no vista hechicería
para poder domar el no domado
pecho, que domará la ciencia mía.

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