Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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a los niños de flacas intenciones!
En esta sancta obra ansí excelente,
que en ella sola están todas las obras
que a cuerpo y alma tocan juntamente.
Al que rescatas, de perdido cobras,
reduces a su patria el peregrino,
quítasle de cien mil y más zozobras:
de hambre, que le aflige de contino;
de la sed insufrible, y de consejos
que procuran cerrarle el buen camino;
de muchos y continos aparejos
que aquí el demonio tiende, con que toma
a muchachos cristianos y aun a viejos.
¡Oh secta fementida de Mahoma;
ancha casaca poco escrupulosa,
con qué facilidad los simples doma!
FRANCISCO ¡Mándasme, buen Aurelio, alguna cosa?
AURELIO Dios te guíe, Francisco, y ten paciencia;
que la mano bendita poderosa
cura[rá] de tu hermano la dolencia.

Vase FRANCISCO, y, yéndose a salir AURELIO, sale SILVIA y dice:

[SILVIA] ¿Dó vas, Aurelio, dulce amado esposo?
AURELIO A verte, Silvia, pues tu vista sola
es el perfecto alivio a mis trabajos.
SILVIA También el verte yo, mi caro Aurelio,
es el remedio de mis graves daños.

Abrázanse, y estánlo mirando sus amos; y ZAHARA va a dar a SILVIA, YZUF a AURELIO.

ZAHARA ¡Perra! ¿Y esto se sufre ante mis ojos?
YZUF Perro, traidor esclavo! ¿Con la esclava?
ZAHARA No, no señor; no tiene culpa Aurelio,
que al fin es hombre, sino esta perra esclava.
YZUF ¿La esclava? No señora. ¡Este maldito,
forjador e inventor de mil embustes,

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