Peter Pan (J.M. Barrie) Libros Clásicos

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Wendy era una mujer por los cuatro costados, aunque no fueran costados muy grandes y atisbó fuera de las mantas.
-¿De verdad crees eso, Peter?
-Sí, de verdad.
-Pues me parece que es encantador por tu parte -afirmó ella-, y me voy a volver a levantar.
Y se sentó con él en el borde de la cama. También le dijo que le daría un beso si él quería, pero Peter no sabía a qué se refería y alargó la mano expectante.
-¿Pero no sabes lo que es un beso? -preguntó ella, horrorizada.
-Lo sabré cuando me lo des -replicó él muy estirado y para no herir sus sentimientos ella le dio un dedal.
-Y ahora -dijo él-, ¿te doy un beso yo?
Y ella replicó con cierto remilgo:
-Si lo deseas.
Perdió bastante dignidad al inclinar la cara hacia él, pero él se limitó a ponerle la caperuza de una bellota en la mano, de modo que ella movió la cara hasta su posición anterior y dijo amablemente que se colgaría el beso de la cadena que llevaba al cuello. Fue una suerte que lo pusiera en esa cadena, ya que más adelante le salvaría la vida.
Cuando las personas de nuestro entorno son presentadas, es costumbre que se pregunten la edad y por ello Wendy, a la que siempre le gustaba hacer las cosas correctamente, le preguntó a Peter cuántos años tenía. La verdad es que no era una pregunta que le sentara muy bien: era como un examen en el que se pregunta sobre gramática, cuando lo que uno quiere es que le pregunten los reyes de Inglaterra.
-No sé -replicó incómodo-, pero soy muy joven.

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