El banquete (Orazio Bagnasco) Libros Clásicos

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-¡No me siento cómodo en la mesa con un Embajador y un Gran Cocinero tan famosos como vuestras mercedes, que vienen de la Corte ducal de Milán! Y tenía razón. Maese Stefano también era famoso, pues era hijo del renombradísimo maese Martino de Rossi, y sus dos nombres eran conocidos en todas las Cortes y cocinas de Europa. -No, gracias, yo sé estar en mi sitio -dijo con humilde orgullo-. Cuando hayáis cenado encontraréis aquí fuera a un ayudante mío con una carreta para escoltar a Su Excelencia hasta el castillo, donde se aloja, y otro para acompañar a maese Stefano a mi casa, donde me honro en hospedarlo. El viejo se quitó con una reverencia la gorra y, reculando, salió a la oscuridad de la gélida noche llevando su linterna en la mano. En la taberna ya todos sabían de su llegada, y el amo se desvivía por acomodarlos en la mejor mesa, prodigándose en continuas inclinaciones. Cuando el Diplomático se quitó la pelliza, en su pecho brillaron una preciosa cadena y una gran medalla de oro con las armas del duque de Ferrara. Los que allí se encontraban enmudecieron. Pero cuando en el cuello de maese Stefano apareció, sujeta con un cordón de seda roja, la imponente placa de cobre esmaltado con los colores de los Sforza, entonces el respeto fue reemplazado por un sentimiento muy similar al miedo. Los campesinos que estaban sentados en las mesas más cercanas se levantaron, llevándose las frascas y los bocales en que estaban bebiendo, y se desplazaron a los bancos mas apartados. Muy tímidamente, casi de puntillas, volvían uno a uno a recoger los platos con la comida, alargando los brazos para acercarse lo menos posible a aquellos señores tan importantes.

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