Fantasmas de Navidad (Charles Dickens) Libros Clásicos

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Entonces ella se levanta y
prueba todas las cerraduras de la habitación con las llaves oxidadas, sin que
encuentre ninguna que vaya bien; después fija la mirada en el retrato del
caballero vestido de verde y con una voz baja y terrible exclama:
«¡El hombre lo sabe!» Después se vuelve a frotar las manos, pasa junto al borde
de la cama y sale por la puerta. Nos apresuramos a ponernos la bata, cogemos las
pistolas (siempre viajamos con ellas) y la seguimos, pero encontramos la puerta
cerrada. Damos la vuelta a la llave, miramos en el pasillo oscuro y no hay
nadie. Lo recorremos tratando de encontrar a nuestro criado. No es posible.
Recorremos el pasillo hasta que despunta el día y luego regresamos a nuestra
habitación vacía, caemos dormidos y nos despierta nuestro criado (nunca hay nada
que le hechice a él) y el sol brillante. ¡Muy bien! Tomamos un desayuno terrible
y todos dicen que tenemos un aspecto extraño. Después del desayuno paseamos por
la casa con nuestro anfitrión, y le conducimos hasta el retrato del caballero
vestido de verde, y entonces se aclara todo. Se comportó con falsedad con una
joven ama de llaves unida en otro tiempo a esa familia, y famosa por su belleza,
que se ahogó en un lago y cuyo cuerpo fue descubierto al cabo de mucho tiempo
porque los ciervos se negaban a beber el agua. Desde entonces se ha dicho entre
susurros que ella atraviesa la casa a medianoche (pero que va especialmente a
esa habitación, en donde acostumbraba a dormir el caballero vestido de verde)
probando las viejas cerraduras con las llaves oxidadas. ¡Bien! Le contamos a
nuestro anfitrión lo que hemos visto, y una sombra cubre sus rasgos tras lo que
nos suplica que guardemos silencio; y así se hace. Pero todo es cierto; y lo
contamos, antes de morir (ahora estamos muertos) a muchas personas responsables.
Es infinito el número de casas antiguas con galerías resonantes, dormitorios
lúgubres y alas encantadas cerradas durante muchos años, por las cuales podemos
pasear, con un agradable hormigueo subiéndonos por la espalda y encontrarnos
algunos fantasmas, pero quizá sea digno de mención afirmar que se reducen a muy
pocos tipos y clases generales; pues los fantasmas tienen poca originalidad y

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