La lucha por la vida II (Pío Baroja) Libros Clásicos

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¿No me entiendes? Quiero decirte que tengas voluntad.
Manuel contempló a Roberto desanimado. Hablaban los dos en distinto idioma.
I

La señorita Esther Volowitch - Una bod
Manuel aprendiz de fotógraf

A pesar de los consejos de Roberto, Manuel siguió sin buscar ni hacernada útil, sirviendo de modelo a Álex y de criado a todos los demás que se reunían en el estudio. Algunas veces, al pensar en las recomendaciones de Roberto, se indignaba en contra de él.
«Yo ya sé -pensaba-que no tengo su arranque, que no soy capaz de hacer lo que hace él. Pero su consejo es una tontería, al menos para mí. Me dice: «Ten voluntad». «Pero ¿si no la tengo?» «Hazla.» Es como si me dijesen que tuviera un palmo más de estatura. ¿No sería mejor que me buscase un sitio donde trabajar?»
Manuel comenzó a sentir odio por Roberto. Esquivaba el encontrarse a solas con él; le daba rabia que en vez de proporcionarle algo, cualquier cosa, saliera del paso con un consejo metafísico imposible de llevar a la práctica.
Seguían los bohemios su vida desordenada, en su continuo proyectar, cuando hubo en la reunión una baja, la de Santín. Un día faltó al café, al siguiente no apareció por el estudio, y en un par de semanas no se le vio el pelo.
-¿Dónde andará ese ganso? -se preguntaron todos.
Nadie lo sabia.
Una noche, Varela, uno de los literatos, dijo que había visto a Bernardo Santín paseando por Recoletos con una señorita rubia que parecía inglesa.
-¡Rediez con los tontos! -exclamó uno.
-Eso es cosa vieja-repuso otro-. Ya lo dijo Schopenhauer: los fatuos son los que tienen más éxito con las mujeres.

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