La lucha por la vida II (Pío Baroja) Libros Clásicos

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II

La Europea y La Benefactora - Una colocación extraña
Volvió Manuel al estudio de Álex. Éste, incomodado con el muchacho por haberse ido del estudio sin despedirse, no quiso que se quedara allí de nuevo.
Preguntaron los bohemios que se reunían en el taller por la vida de Bernardo, y se hicieron una porción de comentarios humorísticos acerca de la suerte que el destino reservaba a la cabeza del fotógrafo.
-¿De manera que Roberto le revelaba los clisés? -dijo uno.
-Sí.
-Le retocaba las placas y la mujer -añadió otro.
-¡Qué sinvergüenza es el tal Bernardo!
-No, es un filósofo de la escuela de Cándido. Ser cornudo y cultivar la huerta. Es la verdadera felicidad.
-¿Y tú qué vas a hacer? -preguntó Álex irónicamente a Manuel.
-No sé; buscaré una colocación.
-Hombre, ¿ustedes conocen a un señor don Bonifacio Mingote, que vive en el tercer piso de esta casa? -dijo don Servando Arzubiaga, el hombre enjuto e indiferente.
-No.
-Es un agente de colocaciones. No debe de tenerlas muy buenas cuando no se ha colocado él. Yo le conozco del periódico; antes era representante de unas aguas minerales, y solía llevar anuncios. Me habló el otro día de que necesitaba un chico.
Véanle ustedes -replicó Álex.
-¿Tú no aspiras a ser grande de España, verdad? -preguntó don Servando a Manuel, con una sonrisa entre irónica y bondadosa.
-No, ni usted tampoco -dijo desenfadado Manuel.
Don Servando se echó a reír.
-Si quieres, le veremos a ese Mingote. ¿Vamos ahora mismo?
-Vamos, si usted quiere.
Bajaron al tercero de la casa, llamaron en una puerta y les hicieron pasar a un comedor estrecho.

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