Medium (Pío Baroja) Libros Clásicos

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sonó..., y los dos nos miramos estremecidos de terror.
--Es mi hermana, mi hermana --dijo Román.
Y, convencidos de esto, buscamos los dos amuletos por todas partes, y
pusimos en su cuarto una herradura, un pentagrama y varias inscripciones
triangulares con la palabra mágica: «Abracadabra.»
Inútil, todo inútil; las cosas saltaban de sus sitios, y en las paredes se
dibujaban sombras sin contornos y sin rostro.
Román languidecía, y para distraerle, su madre le compró una hermosa
máquina fotográfica. Todos los días íbamos a pasear juntos, y llevábamos
la máquina en nuestras expediciones.
Un día se le ocurrió a la madre que los retratara yo a los tres, en grupo,
para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos
un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos
hijos. Enfoqué, y por si acaso me salía mal, impresioné dos placas. En
seguida Román y yo fuimos a revelarlas. Habían salido bien; pero sobre la
cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.
Dejamos a secar las placas, y al día siguiente las pusimos en la prensa,
al sol, para sacar las positivas.
Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea. Al mirar la
primera prueba, Román y yo nos contemplamos sin decirnos una palabra.
Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer de facciones
parecidas a las suyas. En la segunda prueba se veía la misma sombra, pero
en distinta actitud: inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído.
Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos,

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