Solamente un eco (Alan Barclay) Libros Clásicos

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Plantó sus largas piernas sobre la mesa y se retrepó hacia atrás en la silla.
-¿Qué edad tiene? ¿Veinte? ¿Cuál es su puntuación de entrenamiento?
- Tengo casi veintiuno, señor. Aprobé con el número dos de mi clase el
entrenamiento básico Categoría A en pilotaje y navegación. Seis meses adelantado
en entrenamiento de combate en la Estación de Entrenamiento de la Luna.
Clasificación A en artillería.
- Bien, bien...; y muriéndose de ganas de tener un choque con el enemigo, estoy
seguro.
- Sí señor, naturalmente.
-¿Por qué? - le espetó el comandante en jefe con violencia inesperada.
- No hay más que una posible razón, señor - respondió Lingard titubeando . Para
cumplir con mi deber v avudar a derrotar al invasor - estaba bastante azarado al
decir todo esto.
- Muy propio muchacho, muy propio - aprobó el viejo . Y por supuesto para
adquirir fama, sin duda. Bien, tendrá su oportunidad, aunque yo creo que la
atmósfera de gloria y de muerte predomina más en las unidades de retaguardia que
aquí fuera; pero tengo que decidir lo que voy a hacer con usted... ¿Dijo
clasificación A en artillería?
Mientras hablaba apretó un botón y el teléfono de su mesa lanzó una respuesta.
- Hawkins ¿está el capitán Stinson franco de servicio?
- Sí, señor.
- Bien; búscale. Dile que tenga la amabilidad de venir en seguida a verme.
Transcurrieron unos segundos de silencio.
- No me entusiasmo demasiado con la muerte y la gloria - continuó el comandante
-. Tenemos una guerra espacial entre manos desde que sorprendimos al enemigo
merodeando alrededor de los límites exteriores de nuestro sistema y nadie puede

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