Solamente un eco (Alan Barclay) Libros Clásicos

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jóvenes y algunos grabados en colores bastante buenos.
Estos grabados eran evidentemente obra de un verdadero artista y todos trataban
del mismo asunto. Uno de ellos llevaba el título «¿Es este cl enemigo?»
Representaba a una criatura parecida a un pulpo, con grandes ojos amenazadores>
saltones, como de loco. En otro decía: «¿O quizá este?», y representaba un tipo
como un cocodrilo montado sobre un scootcr> delgado como un lápiz y con una
larga y estrecha cola color humo azulado. Ese cocodrilo estaba disparando un
desintegrador. El tercer dibujo mostraba un animal marino, rechoncho> pero de
expresión inteligente, flotando en un barco rodeado de un líquido bulboso.
- Entonces, ¿es verdad que nadie los ha visto nunca? - preguntó Lingard-. ¿O es
que, al menos, nadie ha vivido lo suficiente para explicar cómo son?
- Vamos a tomar una copa - le invitó Stinson, que no parecía tener muchos deseos
de entrar en discusiones sobre este asunto.
Al día siguiente la unidad operó durante veinte horas seguidas. Lingard llegó a
la sala de tripulación con media hora de anticipación> cruzó el rastrillo
exterior y entró en la nave, que se encontraba en el túnel.
A pesar de ser muy temprano, Stinson ya estaba allí. El hombrecillo se dedicaba
a revisar el armamento y, al verle, le saludó con un gruñido.
Lingard ocupó el puesto del artillero y empezó a trabajar en las piezas. Estuvo
comprobando cómo los largos y pulidos cañones se deslizaban suavemente en sus
montajes y les hizo girar a derecha e izquierda> manejando los controles. Los
mecanismos de carga movían sus brazos de acero con un chasquido cuando Lingard

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