Solamente un eco (Alan Barclay) Libros Clásicos

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Nos estamos dando puñetazos en las narices unos a otros,
corre la sangre (lo malo es cuando se trata de la nuestra) y, al final, cada
bando decidirá que el otro pertenece a una raza decente y normal y merecedora de
respeto, y que, después de todo, h% sitio para ambos en este pequeño sistema.
Cuando se empieza a creer que todo es un juego, cuando se han hecho por lo menos
ocho o diez raids y parece que los Jackoes son un mito, por encuentras uno, que
probablemente se le ve a no más de quinientas yardas por la banda de estribor.
De hecho, en el noveno raid de Lingard apareció uno. Stinson fue el primero en
señalarlo.
- Esto debe despertar tu alma heroica - dijo a Lingard -. Me parece que, por
fin, vamos a tropezar con algo en nuestro camino.
Lingard se desplazó para mirar mejor el localízador.
-¿Dónde está?
-¿Ves esa mole, la que se está moviendo?
- Es otro bloque de roca - protestó Lingard.
- Conforme, es un bloque de roca, pero silo miras con atención verás que cambia
de forma... ¡Allí! Observa esas dos manchitas que hay detrás. Algunas veces se
funden con el bloque principal, pero frecuentemente parece que se desprenden.
Deben de ser un par de Jackoes tratando de hacer alguna jugarreta. Han cogido un
trozo de asteroide moviéndose en una ruta inferior aceptable y lo están
abrazando con la esperanza de poder atravesar nuestra pantalla, aún no
descubierta por ellos.
Lingard miró con atención. Ahora podía ver claramente que aunque las dos
pequeñas manchas parecían casi siempre formar parte de la masa principal, con

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