Solamente un eco (Alan Barclay) Libros Clásicos

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mucha frecuencia se separaban por un instante. Calculó la ruta que seguían y vio
que iban a pasar muy cerca de ellos.
- Van a pasar muy cerca de nosotros - dijo -. ¿Daremos la señal?
- Todavía no - respondió Stinson-. Lo primero de todo, coloquémonos lo más cerca
posible del paso de ese trozo de material de construcción.
Apretó unos botones y puso en marcha la nave, deslizándose hacia la parte baja
de la órbita del asteroide. La burbuja movediza que había en el centro de la
masa luminosa se columpió hacia atrás y hacia adelante, hasta que, al cabo de
diez minutos, empezó a moverse directamente hacia el centro. El trozo de roca>
que parecía tener unos 200 pies de diámetro, venía ahora en línea recta hacia la
nave.
- Desconectaremos el localizador por un momento - dijo Stinson-. La roca está
ahora entre nosotros y ellos> pero queda una probabilidad de que la punta de una
de sus antenas asome por encima del techo. Dentro de media hora podremos verla
directamente con el telescopio.
Efectivamente, media hora después pudieron localizar la roca con el telescopio,
y veinte minutos más tarde, pudieron verla a simple vista. Un monstruo
espeluznante, girando suave y continuamente, con grandes placas metálicas y
cristalinas que brillaban intensamente cuando les daba el sol.
Stinson hizo que su nave se emparejase rápidamente con la roca y> al mismo
tiempo, trató de entorpecer la marcha de la nave más próxima.
- Bueno, hijo, por detrás de esa roca hay dos naves Jackoes. Voy a rodearía un
poco para ponerme en posición de hacer un disparo que no falle al que tengamos

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