El sacrificio (Algernon Blackwood) Libros Clásicos

Página 1 de 32

ALGERNON BLACKWOOD

EL SACRIFICIO
 
I
Limasson era hombre religioso, si bien no se sabía de qué hondura y calidad, dado que ningún trance de supremo rigor le había puesto aún a prueba. Aunque no era seguidor de ningún credo en particular, sin embargo, tenía sus dioses; y su autodisciplina era probablemente más estricta de lo que sus amigos suponían. Era muy reservado. Pocos imaginaban, quizá, los deseos que vencía, las pasiones que regulaba, las inclinaciones que domaba y amaestraba... no sofocando su expresión, sino trasmutándolas alquímicamente en canales más nobles. Poseía las cualidades de un creyente fervoroso, y habría podido llegar a serlo, de no haber sido por dos limitaciones que se lo impedían. Amaba su riqueza, se esforzaba en aumentarla en detrimento de otros intenreses; y, en segundo lugar, en vez de seguir una misma línea de investigación, se dispersaba en múltiples teorías pintorescas, como un actor que quiere representar todos los papeles, en vez de concentrarse en uno solo. Y cuanto más pintoresco era un papel, más le atraía. Así, aunque cumplía su deber sin desmayo y con cierto afecto, se acusaba a sí mismo, a veces, de satisfacer un gusto sensual por las sensaciones espirituales. Este desequilibrio abonaba la sospecha de que carecía de hondura.
En cuanto a sus dioses, al final descubrió su realidad, tras dudar primero de ellos y luego negar su existencia.
Esta negación y esta duda fueron las que los restablecieron en sus tronos, convirtiendo las escaramuzas de diletante de Limasson en sincera y profunda fe; y la prueba se le presentó un verano a principios de junio, cuando se disponía a abandonar la ciudad para pasar su mes anual en las montañas.

Página 1 de 32


Paginas:


Compartir:




Diccionario: