Oliver Twist (Charles Dickens) Libros Clásicos

Página 6 de 34

Estoy muy contento de verte, pero no te entretengas. ¡Vete ya!
-Quería decirte adiós, Dick. ¡Deseo que seas feliz!
-Cuando muera, lo seré. Dame un beso -pidió el niño trepando sobre la puerta y echando a Oliver los brazos alrededor del cuello-. ¡Que Dios te bendiga!


CAPÍTULO TRES

FAGIN Y COMPAÑÍA

Oliver decidió ir Londres, aunque la gran ciudad se encontraba a más de setenta millas. Anduvo una semana sin comer apenas, al cabo de la cual, llegó al pequeño pueblo de Barnet, cubierto de polvo y con los pies ensangrentados. Agotado, se sentó a descansar en un portal, y allí permaneció inmóvil y silencioso. De pronto se fijó en muchacho de su misma edad, sucio y desaseado, que no paraba de mirarle desde el otro lado de la calle. El desconocido, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, cruzó y, plantándose delante de Oliver, le dijo:
-¿Qué haces aquí, coleguilla? ¿Tienes problemas?
-Tengo hambre y estoy muy cansado -contestó Oliver sin poder contener el llanto-. Llevo siete días andando.
-¡Siete días o pata! -exclamó el jovencito-. ¡Madre mía! Tú lo que necesitas es una buena jola. Yo también ando pelao pero algo conseguiré.
El muchacho compró jamón y pan en una tienducha y Oliver hizo una larga y abundante comida.
-Me llamo Jack Dawkins, pero todos me llaman et P¡llastre. Seguro que vas a Londres, ¿a que sí?
-Eso pretendo -contestó Oliver-, pero no tengo dinero, ni sé dónde me podré alojar.
-No te comas el coco con eso, sé dónde te darán alojamiento gratis. Si te parece, haremos el resto del camino juntos.
-¡Sería estupendo! -exclamó Oliver sorprendido-. Llevo sin dormir bajo techo desde que salí de la casa de mi amo.
Jack y Oliver llegaron a Londres avanzada la noche. Caminaron por calles sucias y miserables hasta una casa donde el P¡llastre entró con decisión..
-¿Quién es? -gritó una voz desde el interior.
Jack dijo algo parecido a una contraseña. En ese momento, la cabeza de un hombre asomó por la barandilla.
-Vengo con un nuevo compinche -anunció.
-¡Sube, anda! Dime, ¿de dónde lo has sacado?
-De la inopia -contestó Jack mientras subían la escalera.
Los dos entraron en una habitación de paredes negras y sucias donde un viejo judío de aspecto repugnante estaba friendo salchichas. Alrededor de la mesa estaban sentados varios muchachos que tendrían más o menos la edad del P¡llastre. Todos fumaban en pipa y bebían cerveza,
-Este es Fagin -dijo Jack Dawkins señalando al anciano-; y éste, mi amigo Oliver Twist.
-Espero que seamos amigos -dijo el hombre estrechándole la mano-. Siéntate a cenar con nosotros.
Oliver no salió de aquella habitación durante varios días. Observaba lo que sucedía a su alrededor con gran extrañeza y, por más que lo intentaba, no lograba comprender cómo se ganaban la vida aquellos chicos; por qué salían por la mañana y regresaban por la noche con carteras, pañuelos de seda o joyas que entregaban a su protector. Tampoco entendía por qué Fagin los mandaba a la cama sin cenar cuando volvían a casa con las manos vacías.

Página 6 de 34
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: