Oliver Twist (Charles Dickens) Libros Clásicos

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-¡Venga, B¡ll! -dijo-. Fuerza el postigo.
Sikes obedeció y pronto se abrió un ventanuco con celosía que se encontraba a unos cinco pies del suelo. El hueco era muy pequeño, pero Oliver podía entrar de sobra por allí.
-Ahora escucha, granuja -le ordenó Sikes enfocándole la cara con una linterna- vas a entrar por este hueco y nos vas a abrir la puerta de entrada de la casa.
En el poco tiempo que tuvo para reaccionar, Oliver había decidido que, aunque le costara la vida, daná la voz de alarma. Pero cuando ya se había metido por el hueco y estaba dispuesto a llevar a cabo su plan, oyó a Sikes gritar:
-¡Vuelve! ¡Vuelve!
Sorprendido y asustado por los gritos, Oliver dejó caer la linterna al suelo y se quedó paralizado. Una luz se dirigía hacia él; vio las siluetas de dos hombres medio desnudos en lo alto de la escalera; sonó un disparo; se produjo una nube de humo y el muchacho retrocedió tambaleándose. Sikes lo agarró por el cuello, disparó y tiró para arriba de él.
-¡Rápido, dame una bufanda! -gritó Sikes : ¡Le han dado, le han dado! ¡Dios mío, cómo sangra!
Oliver oyó luego el repiqueteo de una campanilla, disparos y gritos. Sintió que se lo llevaban a paso rá.pido. Poco a poco, los ruidos fueron haciéndose cada vez más lejanos, y una sensación de frío mortal se apoderó de él. Luego, ya no vio ni oyó nada.


CAPÍTULO SIETE

UN EXTRAÑO PERSONAJE

Al día siguiente, en casa de Fagin, estaban el P¡llastre y sus colegas rateros, absortos en una larga y controvertida partida de naipes. El judío permanecía inmóvil, sentado frente al fuego, cabizbajo y visiblemente preocupado. Había leído en los periódicos que el robo había fallado, pero no tenía noticias de Sikes, ni de Toby, ni, sobre todo, de su estimado pupilo.
-¡Han llamado a la puerta! -gritó de pronto el P¡llastre.
Cogió la luz y fue a ver quién era.
-Es Toby Crackit -susurró al oído de su amo.
-¿Qué? -gritó el judío-. ¿Está solo?
-Si -contestó el P¡llastre.
-D¡le que entre -ordenó Fagin-. Los demás, ya os podéis largar de aquí discretamente.
La orden fue obedecida por todos, de modo que cuando el P¡llastre volvió con Crackit, Fagin se encontraba solo en la habitación.
-¿Qué tall -saludó Toby Crackit con aire desenvuelto.
Fagin no decía nada. Miraba ansioso al ladrón, a la espera de alguna noticia.
-No me mires así, hombre -lijo Toby-. ¿Crees que puedo hablarte del curro con el estómago vacío?
Toby se puso entonces a comer y a beber, aparentemente sin prisa por iniciar la conversación; sólo cuando se sintió satisfecho, preguntó:
-¿Cómo está Bill?
-¿Qué? -gritó Fagin sin dar crédito a lo que estaba oyendo-. ¿Qué cómo está Bill?
-No me digas que no sabes nada de... -respondió el otro con aire misterioso.
-No sé nada de nada -gritó Fagin pateando furioso el suelo-. Así es que ya puedes empezar a contármelo todo

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