Oliver Twist (Charles Dickens) Libros Clásicos

Página 16 de 34


-Nos falló el golpe -dijo Toby con voz tenue y cabizbajo.
-Eso ya lo he leído en los periódicos. Quiero saber más.
-Dispararon y un tiro alcanzó al chico -siguió Toby-. Todo el vecindario salió armado detrás de nosotros, con perros y todo. Escapamos campo a través como pudimos.
-¿Y Oliver?
-Bill lo llevaba a cuestas. Nos pisaban los talones y el chico estaba frío como un témpano. Así es que nos separamos y dejamos al muchacho en una zanja. No sé si estaba vivo o muerto.
El judío no quiso escuchar más y, lanzando un grito que hizo temblar las paredes, salió de su casa como una exhalación. Anduvo largo rato por estrechas a inmundas callejuelas hasta llegar a Los Tres Patacones.
-¿Está él aquí? -susurró of oído del dueño del local.
-¿A quién se refiere? ¿A Monks? -preguntó el tabernero.
-Sí -contestó Fagin-, pero hable más bajo.
-Todavía no -contestó el hombre-, pero ya tenía que haber llegado. Si se espera diez minutos..
-No, no -contestó Fagin aliviado-. Dígale que venga a mi casa mañana. He de hablar con él.
El judío salió de aquel antro y, sin más, cogió un coche de alquiler y se dirigió a casa de Bill Sikes y Nancy. Fagin súbió las escaleras de la casa y, sin demasiados miramientos, irrumpió en la habitación de la joven, que se encontraba visiblemente borracha con la cabeza apoyada sobre la mesa. El ruido que hizo Fagin al entrar la sobresaltó por un instante, circunstancia que aprovechó el judío para explicarle lo sucedido con el pequeño Oliver y Sikes. Cuando hubo terminado, Nancy retomó su postura inicial, sin decir una sola palabra.
-¿Dónde crees que podná estar Bill? -preguntó Fagin.
-¡Y qué sé yo! -dijo ella llorando.
-¡Pobre chiquillo! -suspiró Fagin mirando a Nancy, al acecho de cualquier cambio en su rostro que la pudiera delatar
Fagin había comprendido que la muchacha sentía simpatía y compasión por el pequeño Oliver; por eso pensó que quizá sabría algo de él. Pero ella tan sólo exclamó:
-¿Pobre chiquillo? Está mucho mejor ahora que cuando estaba entre nosotros. ¡Ojalá se haya muerto!
-¿Pero qué estás diciendo? ¿Te has vuelto loca?
-En el fondo me alegro de lo que le ha ocurrido. Lo peor ya ha pasado para él. Además, no podía soportarlo cerca de mí.
Me hacía sentir asco de mí misma y de todos nosotros; de todo lo que somos...
-¡Bah! -dijo el judío-. ¡Estás borracha! Ahora, déjate de tonterías y escucha bien: si tu Bill vuelve y ha dejado atrás al muchacho, si él ha salido vivo de esto y no me devuelve a Oliver, mátalo tú misma si quieres evitarle la horca.
-¿A qué viene esto? -gritó ella.
-Mira, pellejo -continuó Fagin furioso-, Oliver es mi mejor negocio, y no lo voy a perder por culpa de los caprichos de una pandilla de borrachos. Además, ese hijo de Satán al que estoy atado tiene suficiente poder para... para...
En aquel instante, el judío comprendió que había hablado demasiado a hizo un esfuerzo por contener su ira.

Página 16 de 34
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: