Oliver Twist (Charles Dickens) Libros Clásicos

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Al día siguiente, el matrimonio Bumble se encaminó al lugar que Monks había indicado. Era un pequeño barrio a orillas del río, famoso por ser refugio de ladrones y criminales. Estaba formado por unas cuantas casas en ruinas, entre las cuales se elevaba un edificio grande, cuyos pilares estaban muy deteriorados por las ratas, la carcoma y la humedad. Frente a él se detuvieron los Bumble.
-¡Hola! -gritó una voz procedente del segundo piso-. Esperen, ahora mismo les abro.
Instantes después, Monks les abrió la puerta. Subieron hasta una estancia del piso superior y cerraron tras de sí. A continuación, los tres se sentaron alrededor de una mesa.
-Dígame, señora -dijo Monks-, ¿estaba usted con la tal Sally cuando murió? ¿Le dijo algo acerca de la madre de Oliver?
-Sí. Pero yo no he venido aquí para dar información gratis. Déme veinticinco libras en oro y le diré todo lo que sé.
-Aquí las tiene -repuso Monks, poniendo las monedas una a una encima de la mesa-. Ahora, dígame lo que sabe.
-Cuando la vieja Sally murió, estábamos ella y yo solas en la habitación. Me habló de una joven que había dado a luz un niño hacía doce años y que, al día siguiente, había muerto en la misma cama en la que ella estaba agonizando.
-¡Dios mío! -exclamó Monks.
-Parece ser que la joven, antes de morir, le entregó a Sally algo con el encargo de dárselo al niño cuando llegara a la edad adulta; pero ella se lo quedó. La vieja no dijo nada más, cayó para atrás y murió.
-¿Eso es todo? Creo que me está ocultando algo.
-No dijo más -contestó la gobernanta impasible-. Solamente me agarró del vestido con una mano. Cuando cayó muerta, retiré su mano con fuerza y vi que en ella guardaba un viejo trozo de papel. Era una papeleta de empeño.
-¿Y cuál era el objeto empeñado? -interrogó Monks.
-Era una alhaja. Así que fui y la desempeñé.
-¿Y dónde se encuentra ahora esa joya? -preguntó el hombre inmediatamente.
-¡Aquil -contestó la mujer, arrojando sobre la mesa una bolsita.
La bolsa contenía un pequeño guardapelo de oro. En su interior, había dos mechoncitos y una alianza. La sortija tenía grabado el nombre de «Agnes» y una fecha correspondiente al año anterior del nacimiento de Oliver
-¿Qué se propone hacer con eso? ¿Va a utilizarlo contra m? -preguntó la señora Bumble.
-Ni contra usted ni contra nadie -contestó Monks, arrastrando la mesa a un lado y abriendo una trampilla que se encontraba junto a los pies del señor Bumble-. Miren ahí abajo.
Las turbias aguas del río corrían velozmente bajo ellos. Monks sacó la bolsita, la ató a un pequeño peso de plomo que estaba en el suelo y la tiró al agua.
-¡Hecho! -exclamó Monks aliviado-. ¡Prueba destruida! Ahora, lárguense de aquí cuanto antes.


CAPÍTULO ONCE

EL CORAJE DE NANCY

Al día siguiente, Nancy fue a casa de Fagin para recoger un dinero que el judío le debía a Bill Sikes.

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