Oliver Twist (Charles Dickens) Libros Clásicos

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Allí, coincidió con Monks.
-He de decirte algo a solas -le dijo Monks a Fagin.
Los dos hombres subieron a una habitación de la planta superior y se encerraron para hablar en privado. Nancy, con la intención de espiar la conversación, se quitó los zapatos, subió de puntillas las escaleras y se plantó en la puerta del cuarto donde Monks y Fagin se habían reunido. Al rato, la muchacha volvió a bajar con aspecto de encontrarse fuertemente impresionada. Segundos más tarde, Monks se marchó. A continuación, Fagin le entregó a Nancy el dinero que había venido a buscar y ambos se despidieron.
Ya en la calle, Nancy se sentó en un portal, incapaz de seguir caminando, y rompió a llorar. Finalmente, cuando se encontró más tranquila, volvió a su casa. Había tomado una decisión: iba a dar un gran paso aquella misma noche, en cuanto Sikes, que estaba enfermo, se hubiese dormido.
A la hora en la que el ladrón debía tomar su medicina, Nancy la preparó como siempre y añadió un potente somnífero. En breves instantes, el enfermo cayó en un profundo sueño, momento que la muchacha aprovechó para marcharse.
Después de andar más de una hora, llegó al barrio más rico de la ciudad y se dirigió a un pequeño hotel. Cuando llegó a la puerta, vaciló un momento y entró.
-Quiero ver a la señorita Maylie -dijo Nancy al recepcionista,
-iQué puedes querer tú de una dama? -preguntó en tono despectivo el empleado al ver su aspecto-. ¡Vamos, lárgate!
-¡Tendrán que sacarme a la fuerza! -gritó la muchacha-. Necesito dar un mensaje con urgencia a la señorita Maylie.
El recepcionista subió a regañadientes; le preocupaba tener un problema si el mensaje era en realidad algo importante. Al poco rato, volvió a hizo una seña con la cabeza a Nancy para que lo siguiera. El hombre la acompañó hasta una pequeña antecámara donde se encontraba Rose. La joven había adelantado unos días su regreso del campo y esperaba la llegada de su tía y de Oliver de un momento a otro.
Rose miró a la muchacha que se encontraba frente a ella y le dijo dulcemente:
-Soy Rose Maylie. ¿Deseaba usted verme?
Nancy, ante tanta dulzura, rompió a llorar
-¡Ay, señorita! -exclamó-. ¡Cuánto le agradezco que haya querido recibirme! Mi nombre es Nancy.
-¿En qué puedo ayudarla? -prosiguió la joven dama.
-Supongo que Oliver les habrá contado su historia.
-Por supuesto. ¿Y bien?
-Les habrá dicho también que fue raptado mientras hacía un recado para el señor Brownlow, con quien vivía en Petonville. Bueno, pues yo soy la persona que lo raptó.
-¿Usted? -exclamó Rose.
-Sí y lo llevé a casa de un miserable, llamado Fagin, que obliga a muchachos indefensos a robar para él -gimió Nancy-. Y si ellos se enteraran de que he venido, me matarán.
-No se preocupe, querida, no sucederá nada -dijo Rose, mientras estrechaba dulcemente la mano de la afligida muchacha.
-¿Conoce usted a un tal Monks? -continuó Nancy.
-No, no lo conozco -contestó Rose.

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