Oliver Twist (Charles Dickens) Libros Clásicos

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-Está bien -contestó Monks-. Cuando mi padre murió en Roma, mi madre encontró, entre sus papeles, dos documentos: el primero era una carta de amor dirigida a Agnes Fleming; el otro era un testamento.
-¿Y qué decía? -preguntó el señor Brownlow.
Como Monks no contestaba, fue el propio señor Bronwlow quien lo hizo:
-Os dejaba a ti y a tu madre una renta de ochocientas libras. El grueso de su fortuna lo dividía en dos partes: una para Agnes Fleming y otra para el hijo de ambos, es decir, para Oliver
-Mi madre hizo entonces lo que tenía que hacer -gritó Monks-: quemó el testamento y guardó la carta como prueba de la falta de mi padre. Cuando Agnes Fleming le contó la verdad a su padre, éste, avergonzado, huyó con sus hijas. Poco después, la muchacha abandonó el hogar, y aunque el padre la buscó por todas partes, no pudo dar con ella. Convencido de que su hija se había suicidado para ocultar su vergüenza, el hombre volvió a su casa y, a la mañana siguiente, apareció muerto en su cama.
-¿Y qué pasó con el guardapelo y la alianza? -preguntó el señor Brownlow.
-Los compré -contestó Monks- a un matrimonio. Ellos los habían recibido de la vieja que atendió a Agnes Fleming en el hospicio. Luego, tiré los dos objetos al río.
Fue entonces cuando el señor Grimwig salió de la habitación para volver instantes después empujando a la señora Bumble, que tiraba de su cobarde cónyuge.
-¿Conocen ustedes a este hombre? -les preguntó el señor Brownlow.
-No lo hemos visto en nuestra vida -contestó impasible la señora Bumble.
-Él mantiene que les compró a ustedes unas alhajas...
-Está bien -dijo la señora Bumble-: si ese cobarde ha confesado, yo no tengo nada más que decir. Sí, le vendimos el guardapelo y la alianza de Agnes Fleming. ¿Y qué?
-Y nada -repuso el señor Brownlow-, sólo que me voy a ocupar personalmente de que no vuelvan a tener un puesto de trabajo relacionado con niños.
Después, cuando los Bumble se hubieron marchado, el señor Brownlow cogió la mano de Rose y dijo:
-Edward Leeford, ¿conoces a esta señorita?
-Sí -contestó Monks-. Agnes Fleming tenía una hermana pequeña que fue recogida por unos humildes labradores. La niña llevó una vida miserable hasta que una viuda que vivía en Chester se apiadó de ella y se la llevó a su casa. Hoy está aquí, en esta habitación. Es la señorita Rose.
-¡Pero no por eso va a dejar de ser mi sobrina! -exclamó la señora Maylie abrazando a la desfallecida muchacha.
-¡Ahora todo será mucho más fácil! -intervino el señor Brownlow dirigiéndose a Rose.
Aquella noche, Rose y Oliver hallaron un padre, una hermana y una madre y, así, cada uno se encontró con su destino. Inclusive Fagin, quien aquella noche pasaba las últimas horas de su vida en una celda, a la espera de que lo ejecutaran al alba.
Rose y Harry se casaron tres meses después en una pequeña iglesia.

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